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Tipo de Cambio 16/12/2012 -
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Yodex sobre ruedas

Hacer el mandado (ir al mercado) es para mí más que escoger mercancía y echarla al “carrito”. Tiene que ver con una oportunidad de observar y recoger experiencias nuevas.

En el “mandado” (que me imagino se llama así porque te mandaban por las cosas) “tiro por viaje” me encuentro con montones de señoras como yo y siempre somos más las mujeres que los hombres.

Ya se la saben: Niños corriendo, parejas jóvenes, señoras embarazadas en el pasillo de los bebés –y en el de los antojos-, mamás histéricas, señoras super emperifolladas, estudiantes, obreros comprando coca colas, uno que otro señor super perfumado buscando vinos, etcétera.

Pero de entre todos, los que más acaparan mi atención y a quienes les dedico hoy este momento de reflexión son sin duda: los ancianos.

Los pasillos están espolvoreados por cabecitas blancas y pasos lentos que aprovechan las bondades del carrito para recargarse. Las cajas también están “equipadas” con una cabecita blanca al final de la banda, para atenderte y colocar tu mandado en bolsas.

Ellos, casi siempre atentos (digo casi siempre porque sí me he topado con varios testarudos con cara de pocos amigos) saludan y se despiden en su mayoría con una sonrisa. Me llama la atención sobremanera darme cuenta la carga de “buena vibra” que tienen esos señores.

Ayer en el mandado, sucedió algo excepcional: La mayoría de los consumidores eran personas de la tercera edad. Desde que llegué al estacionamiento me di cuenta que los espacios reservados en azul estaban ocupados y hasta renegué porque seguramente (según yo) ya estaba algún aprovechado estacionado en esos espacios… ¡pero no! Al entrar me di cuenta que realmente parecía aquello una convención de “yodex” sobre ruedas.

El lugar se sentía diferente y el ritmo en los pasillos era la antítesis de Speedy González; así que me vi obligada a bajarle de blanquillos al paso e irme parsimoniosa y en un perenne estado de “Om”. El resultado: una experiencia más tranquila y aunque parezca algo de otro planeta, fue padrísimo porque casi nadie traía “bichos androides o iphonescos”.

Era como estar en 1970 cuando ibas a la “Fedmart” con tus padres*. Ello, me obligó de manera consciente a guardar el mío en la bolsa y ponerme aún más observadora (si de por sí, lo soy… ayer estuve en modo “tijera de jardinero”) y en ese estado de observación me percaté de varios escenarios:

1. Una familia de padre e hija. Ella de unos 55 y él como de unos 80 y tantos. La hija desesperada con el papá, hablándole con hartazgo y con enunciados hirientes como: ¡Ya te oí, no estoy sorda como tú!, ¡A ver, muévete no sabes ni lo que quieres!

-Yo, helada. Con ganas de ir a sobarle las canas al viejito. Y pensando en mi novela interna si le metía el pie a la mujer para que se cayera y el señor se carcajeara o si todo esto era resultado de una relación de mucho hastío; o bien, si el señor había sido un méndigo histérico y ahora ella era así con él. Muchos panoramas, muchas cosas que nunca sabemos pero en claro me queda que hay de dos sopas: o cosechas lo que siembras, o de plano te tocan hijos injustos y malagradecidos.

2. Una señora con aparato auditivo que lo traía en el volumen más alto. Me di cuenta porque me pidió que le pasara un yogurt pero en un suspiro hizo que la anciana pareciera yo, porque me tuve que acercar a ella para que me dijera al oído qué quería. Y me dijo: “Mira muchacha, que traigo esto a todo volumen y no sé cómo bajarle” jajajajjaajajajaa. ¡Me hizo el día!

3. Un señor en pants y con tenis, que se notaba que venía de hacer ejercicio y fácil rebasaba los 70. Tenía mejor condición que muchos de mi edad. Muy derecho, como espiga sudada (porque repito, venía del “jogging” –hasta traía una toalla enredada en el cuello-). Obvio, me lo topé en el área de las frutas y verduras. No pude evitar voltear a ver su carrito para copiarle sus compras jajajaa (Quien quite y come pollito) y para mi caricia al ego, traía carne, chorizo, panes, huevos. Dije: este hombre sí sabe.

4. Una abuela con 4 nietos. ¡No manchen! La pobre al borde del colapso. El típico caso de la abuela que se hace cargo de todo y de todos. Eso sí, muy “apapachadora” y de mano enérgica. Me cayó bien porque les pegaba sus buenos gritos a los morrillos y ellos se cuadraban. (Seguro es de las de la chancla)

5. Y donde me detuve a pensar por mucho tiempo: Una pareja de viejitos. Él iba en el carrito para gente que no puede caminar y ella caminando ya lento. Ahí, ese privilegio concedido a muy pocos. Eso de lo que tanto reniego a veces cuando me duele la espalda o las rodillas y pienso cuando hasta hace unos meses me podía torcer como un pretzel y ahora no.

Pero, ¿en qué momento di por sentado que respiro con facilidad y me muevo libremente, olvidando atesorarlo? ¡Qué afortunados aparte esos viejos que siguen juntos y van al mandado! ¿Cuántos viudos habrá por los pasillos? ¿Cuántos en soltería eterna? Y luego todos los que no están en esta convención “Yodexca”: ¿Cuántos sin posibilidades de comprar comida, siquiera? ¿Cuántos en un asilo? ¿Cuántos en la calle?

Llegar a viejos, llegar en condiciones de autosuficiencia o en el mejor de los casos, acompañados es algo para valorar. Ya que los datos, al menos en nuestro país, son escalofriantes: El 16% de los adultos mayores sufren rasgos de abandono y maltrato; y para 2025 habrá 14 millones de personas adultas mayores.

La pregunta que traigo en la “chompeta” desde ayer es: ¿Cómo será mi ancianidad? (Si es que se me concede). Creo que es deber de la familia hablar del tema con un plan estratégico y definir si alguien se hará cargo de los viejos o si se pagará algún asilo. Pienso en las enfermedades que se vienen, las imposibilidades para desplazarse con la misma prontitud que cuando se es joven; no poder manejar, pagar cuentas de recibos de luz, comida, etc.

Los planes para el retiro son la mejor opción cuando se tiene la posibilidad. Pero, ¿Cuándo no?

Quizás una buena opción sea reunirse entre amigos e ir planeando tener una casa donde todos, ya ancianos, se hagan compañía (lo vi en un video, y me gusta la idea). No sentirse solo es al final del día, lo más reconfortante.

Lo cierto es que ayer el mercado reflejaba la luz en las cabezas blancas y todo era más luminoso que de costumbre.

Lo cierto es que cada segundo en el presente no puede pasar desapercibido de gratitudes y reflexiones.

Lo cierto es que la juventud y la salud no son eternas y planear no le hace daño a nadie.

Lo cierto es que cada vez que un anciano empaqueta mi mandado, me regala una sonrisa y me desea un buen día… algo lindo sucede en mi interior.

Ps.1. ¿El “Yodex” tiene fecha de caducidad?
Ps.2. Espero contar con varias amigas locas que quieran vivir conmigo en comuna “pomadesca” crujiente de huesos y lamentos pero con una cava llena para recordar anécdotas y cantar quitadas de la pena.
Ps.3. Darse una vuelta por los asilos de ancianos, debiera ser una actividad más comúnmente practicada entre amigos y por las familias, no nada más de las escuelas en temporada navideña. (Ya me acabo de comprometer conmigo misma a hacerlo)
Ps.4. Como dice el dicho: “No demos por sentado” el “siempre”.

*Fedmart, mercado ubicado en Calexico, California, ampliamente visitado por los mexicalenses para realizar sus compras en la época de los 70s y 80s