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Víctima ¡No más!... ¡Sobreviviente!

Las manos comenzaron a sudarme en exceso y de repente sentí el corazón en la garganta. Se me comenzó a escapar un suspiro cada diez segundos, la cabeza la sentía pesada en el área de la nuca y tenía mi cuerpo completamente como un globo desinflado. Entonces, le marqué al médico para contarle los síntomas y preguntarle qué hacer.

Me dijo que estaba en un evento de pánico. Seguí las instrucciones de él y tras tomarme la presión arterial, me compré el medicamento que me dijo y me “pingueé”. Espere diez minutos y retomé el rumbo.

Cuando iba por la calzada Independencia sentí un vacío enorme y un pesar indescriptible; sin darme cuenta, ya estaba orillada, llorando a grito pelado, sola, sin poderme consolar. Lloré hasta no poder más y después de eso me sentí liberada, fuerte, restablecida, serena… Lista.

La noche fue eterna, los sobresaltos no se dejaron esperar… Por fin amaneció y con una capa de verdad y de amor comencé el día para enfrentar monstruos del pasado y reclamar justicia.

Llegamos al juzgado, nos registramos…

-Claudia Rosales, “víctima” – Escribieron en el libro de registro.

Se dio la hora, nos llamaron. Primero entramos mis abogados y yo. Ahí sentados estaban ya el imputado y su defensa.

Nosotros fuimos a pedir que se difiriera la audiencia. Fueron dos horas de debate y por fin logramos obtener la oportunidad de presentar pruebas en una semana (Los detalles son muchos, pero de eso hoy, no hablaré).

Me coloco en el punto que alguna vez aprendí en mi clase de física, “el centroide”. Mi maestro de resistencia de materiales siempre se emocionaba con los ejercicios del centroide: el centro geométrico de un objeto que si lo encuentras, logras un equilibrio perfecto.

Ese equilibrio que encuentra el “Rockman” de “Seaport Village” en San Diego, California, cada vez que coloca roca sobre roca de una manera inimaginable logrando hacer una columna sin fallas… ¡Ese! ¡Ese punto de ecuanimidad, serenidad, templanza, claridad que se necesitan para sentarse en el mismo sitio donde se encuentra quien alguna vez quiso arrebatarte la vida!

Así es, llega consigo y llega conmigo la re-victimización.

Para quienes hemos sobrevivido o hemos sufrido debatiéndonos para reconstruirnos; el hecho de presentarse frente al agresor y revivir los acontecimientos, es un trago agrio (más que amargo), doloroso y muy pesado. (Es hora que no logro incorporarme para ir al gimnasio por el desgaste emocional… Y eso, ya es mucho decir en mí, que soy muy disciplinada).

Vuelves a experimentar el papel de víctima por el hecho de revivir los momentos dolorosos y todas las emociones que se relacionan con esa experiencia inicial que fue traumática.

Me pregunto: ¿No se prevé en las leyes y en las instituciones que en las audiencias orales se entrevisten al agresor y a la víctima por separado? ¿Es impensable la posibilidad o qué?

Decían mis amigas y con mucha razón: “Si cuando te separas o rompes con tu pareja, está “cabrón” encontrarte con tu “ex”; ¡ahora imagínate encontrarte con tu agresor!”

En términos normales la persona perjudicada espera apoyo, ayuda y comprensión por parte de las instituciones y del sistema. Y si bien, las leyes están diseñadas para desahogar pruebas y otorgar igualdad de oportunidades para defenderse; en el caso de violencia creo que habría que considerar el estado de estrés emocional en el que se coloca a la víctima. -No abogo por el agresor pues en ningún momento se ve vulnerado-.

La victima sufre a menudo un severo impacto psicológico. Y en estos casos está siendo blanco de una negligencia del sistema y de un abordaje inadecuado.

A veces sueño que me leen regidores y diputados y que en algún momento lograré tocar las fibras adecuadas para que las cosas sucedan. ¿A quién hay que escribirle? ¿A quién hay que explicarle con peras y manzanas, con poros, con lágrimas, con latidos que nada es exagerado cuando se re-victimiza a un ser humano?

Si ese día que fuimos a pedir plazo (y apenas fue el inicio) hubiera sido con fecha de un día antes, hubiera llegado en un estado de pánico, con la presión arterial alta, sin recurso emocional y me hubiera soltado llorando como lo hice en la calle.

¿Cómo hacerle entonces? ¿Cómo adivinar si estarás bien el día de la audiencia para enfrentar de nuevo a tu agresor, para escuchar su terrorífica voz y tener que revivir y recontar los hechos para clamar, exigir justicia…sin romperte, sin doblarte, sin vulnerarte a ti misma? ¿Cómo?

La fortaleza, la voluntad y el valor salen desde el más recóndito hueco del laberinto del ombligo… Pero no siempre aparecen como una espera.

Debemos como sociedad exigir que no se violen la dignidad y los derechos. Quisiera, como dijo alguna vez una de mis hijas “tener una varita mágica” para cambiar los procesos.

¿Cómo podríamos reducir al máximo la re-victimización?

-Empezando porque la misma sociedad estigmatiza a la víctima… Creo que tenemos mucha chamba como comunidad. Ser empático es lo que nos hace humanos. Desarrollar la empatía, es el primer paso.

-Propongo que en las audiencias orales, no se enfrente a la víctima con el agresor.

-Evitar entrar en diálogos o declaraciones que puedan justificar un acto violento, eximiendo de la responsabilidad al agresor o incluso hasta culpar a la propia víctima. (¿Cuántas veces no hemos escuchado o leído por ahí: “Seguro
la violaron por algo, quién sabe cómo iba vestida, para qué anda sola”, entre otros insensibles enunciados?)

-No poner en duda las versiones de la víctima. Para hablar se requiere de mucho valor, coraje y fortaleza. Acoger sus necesidades e incluso comprender su sufrimiento.

-Brindarle un espacio seguro y cálido donde pueda hablar de lo ocurrido.

-Fomentar un esquema de apoyo psicológico. Y desde el sistema de justicia tratar de minimizar todo lo que sea posible, los procesos judiciales y burocráticos.

No se me ocurre, me nace decirlo porque no estoy viendo los toros desde la barrera. Estoy en el ruedo, tengo al toro de frente y sé lo que se siente.

La verdad, la serenidad y la justicia son un “combo” perfecto. Llevo la verdad conmigo, para encontrar la justicia en medio de un campo donde clamo por mi serenidad=seguridad.

La audiencia es esta semana, la decisión está en el juez. Lo que venga después son puntos suspensivos.

Cualquiera que sea el veredicto, nada de lo antes descrito cambia, si como un solo cuerpo llamado sociedad, no hacemos algo para exigir con el derecho que nos asiste, que el poder judicial se ponga las pilas y proteja a las víctimas.

Y en mi siguiente visita al juzgado quisiera firmar:

Claudia Rosales, “sobreviviente”

Ps.1. No tenemos que esperar a estar “del otro lado” para actuar y exigir. Esto ya parece fila para subirse a un juego. Cada vez hay más violencia intrafamiliar y de género.
Ps.2. El valor (valentía, aplomo, coraje) siempre debe ir de la mano de su homónimo en plural: de los valores (verdad, justicia, lealtad, fe, conciencia… entre otros)
Ps.3. Que le bajen el precio al “tafil” jajaja.
Ps.4. No hay riqueza más grande que los amigos y la familia, ni consuelo mayor que un abrazo.