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Un grito desde esta trinchera...

Las salidas los domingos, son en verano (Aquí en Mexicali) opciones de espacios cerrados, por lo que no te queda mucha tela de dónde cortar: O es el cine, o el boliche, comer en un restaurante y hacer larga sobremesa, comer una nieve o ir a un centro comercial.

De ahí, a la casa de alguien o a tu propia casa a ver series o algo tranquilo porque eso de esperar a que un semáforo se ponga en verde, parece una tortura medieval.

Pues bien, ya sea en el cine o en los centros comerciales, cada vez me encuentro con un mayor número de hijos que están conviviendo o con papá o con mamá.

Cuando los de mi generación éramos niños o adolescentes no era común saber de padres divorciados o de madres solteras…eran como una baja estadística y cada vez que había un divorcio en puerta parecía el tema de los “Té canastas”, del club de tejido o del club del libro.

Hoy es otro el panorama. Y no por el hecho de ser más común se vaya a malentender que el periodo de duelo en la familia no cambia sea el año o el siglo que sea. El reto está en cómo manejar civilizadamente la separación de tal manera que el divorcio no sea con los hijos.

Y la pregunta de los 64 mil que muchas veces nos hemos hecho varias de la generación es: ¿Por qué antes casi no había divorcios y ahora sí? Para ser práctica reflexiono desde mi punto de vista, sin pretensiones de jugar a ser conocedora de la materia, ni mucho menos, sino como una simple mortal madre de familia que es proveedora de tres. Y mi teoría es la siguiente:

Antes las mujeres se casaban más jóvenes y no todas terminaban una licenciatura o carrera técnica (Dije no todas pensando en la mayoría). Eran madres a más temprana edad y el funcionamiento económico del hogar dependía en su totalidad del marido proveedor.

Aunado a ello muchas mujeres se enfocaron en el cuidado de los hijos y la casa, así como de la atención al marido… lo que es el esquema ideal si nos vamos “By the book”.

Sin embargo, no todas las historias son de tarjeta “Hallmark” y me dispongo a responder las preguntas a la que muchas veces me he enfrentado: ¿Por qué en tu generación hay tantos divorcios? O ¿Por qué casi nadie se casa?, ¿Qué hicieron mal? Uffffffffffffff ¿Mal? Me voy por partes (Como Jack el destripador) He pasado por millones de respuestas probables, palabras agolpadas, ideas que a veces no digo para que no suenen a “Me estoy defendiendo” Pero en realidad, si, si es una cuestión de defensa la que se me agolpa en el pecho.

No somos una generación para ser golpeada con prejuicios o juzgada como si quienes ejercen su dedo acusador poseyeran la verdad absoluta. Somos (Y hablo con orgullo) una generación que considera valiosa su integridad, somos una generación que sí estudió una carrera, y lo hizo para ejercerla porque no es la vida tan sencilla y poco competida como antes. Somos una generación que si bien es cierto podemos ser blandos como padres a veces (Que ese es otrooo tema); también somos más cercanos a las actividades de nuestros hijos. Aprendimos computación, manejamos las redes a nuestro ritmo, debemos estar más pendientes de su seguridad porque las calles ya no son lo de antes.

Somos una generación donde muchos hablamos más de un idioma y si no encontramos “chamba” en nuestra profesión le buscamos por otro lado.

Somos una generación donde las madres de familia no nos detenemos a pensar qué será de nuestros hijos si nos separamos, porque sabemos que tenemos el control de nosotras mismas y podemos proveer y ¿saben? Preferimos 2 a 1 nuestra armonía familiar y estabilidad emocional a la comodidad económica. Porque las mujeres de mi generación se aman tanto que no están dispuestas a soportar sino dispuestas a compartir.

No somos una generación de “Dejadas” en ninguno de estos dos sentidos:

1, No somos “Dejadas” por no casarnos con alguien. Ese viejo mote de “solterona” ¡No es justo hoy en día y parece insulto! Quienes han decidido quedarse consigo mismas ha sido por porque escogieron ser las mejores tías, las mejores confidentes, las mejores profesionistas, etc.

2. Y no somos “Dejadas” porque no permitimos que nos menosprecien, que nos insulten, que nos falten al respeto o que tengan su segunda casa, sólo porque dijimos “Hasta que la muerte nos separe”.

Somos una generación de mujeres que respeta las decisiones de otras, pero que no nos quedamos calladas si vemos que sufren una vejación y las alentamos a seguir adelante y a construir un camino donde se sientan amadas y realizadas.

Somos una generación de madres que sabe jugar y andar en bici, que tuvimos que enseñar a nuestros hijos varones cómo hacer pipí parados aunque nos quedáramos torcidas haciendo la mímica jaja y somos excelentes actrices para que ellos no sepan por las que pasamos.

Y no es que seamos más “Fregonas” que las de antes, ¡Para nada! No somos mejores nosotros, simplemente somos la respuesta a las necesidades de una sociedad que va cambiando.

Somos madres que hemos aceptado retos y aplaudimos a quienes ven de frente al mundo, sin afán de esconderlos Nuestros amigos o hijos son parte de una comunidad diferente que ha ido evolucionando a pasos de Gulliver.

Conocemos la diversidad sexual y la aceptamos, conocemos y admiramos a quienes adoptan, conocemos y promovemos a la madre que vende productos.

Y que quede claro, no es una reflexión feminista sino una reflexión de respeto y aceptación…de decir desde esta trinchera que no se vale criticarnos sin sabernos, porque lejos de señalarnos somos dignas de admiración. (Lo mismo para muchos padres solteros que conozco). Y que no se vale etiquetarnos…con los ojos vendados, no se puede ver. Y los de mi generación sólo nos vendábamos para “Ponerle la cola al burro”

Por eso, ahora que empieza la semana, te invito a reconocer la labor de y a sonreírles a esas madres que ves solas con sus hijos en el cine; a esos padres que ves solos con sus hijos en un parque, así como sonríes a los que van con los dos.

Te invito a reconocer a esos abuelos que crían nietos como si fueran sus hijos, a esas tías que sacan la casta por los sobrinos, a esa hermana, prima o amiga que no se ha casado porque es completa así.

A veces me pregunto: ¿Si el mundo fuera ovalado quizás la visión no fuera tan obtusa?

Ps. 1. En la diversidad está la riqueza.

Ps. 2. Si estamos aquí, seguramente es por imperfectos… ¡Y qué maravillosa es la imperfección!.

Ps. 3. Cada quien tiene un código y no es general.