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Tener pareja sinónimo de 1+1 SIN TOXICIDAD

Una pareja es una relación compuesta por un ser que existe y ha existido en este mundo antes de formar parte de una vida conjunta con nosotros. Un ser individual, un “otro” que ha decidido caminar de la misma manera que uno, al lado de…

Y de ese punto quiero partir hoy: De recordarnos que esa persona (a la que queremos) no es de nuestra propiedad.

En toda relación un cuestionamiento obligado y de auto observación debiera ser: ¿Mi pareja termina llevándome siempre a su terreno? ¿logra que todo lo que haga sea lo que le gusta, sin que en realidad a mí me apetezca (o viceversa)?

Me gustan estas preguntas porque es el principio esencial de la indivi-dualidad para dar paso a la dualidad.

Nadie puede funcionar dejando de ser uno mismo. Esto es algo que no debemos permitir que nos suceda: O ser el verdugo o ser la sombra. Insisto, la pareja por eso se llama así: PAReja. Van a la par, de la mano, por algo no se llama SIAMESA.

Este día decidí escribir sobre los aspectos que son tóxicos en una pareja y que debemos reconocer de inmediato, ya sea porque nosotros estamos intoxicando la relación, o bien, porque nos hemos dejado intoxicar.

A la postre de todos los eventos que tienen que ver con no respetar al otro y que derivan en actos impensables como la violencia, considero que un punto de encuentro entre las parejas es necesario para establecer un crecimiento sano en la familia y por ende en la sociedad.

Nos enfocamos casi siempre en la mujer violentada, y es que desafortunadamente, los datos estadísticos nos muestran que efectivamente es la mujer la más abusada en una relación, pero, ¿qué tanto permitimos y qué limites hemos puesto para llevar una vida saludable emocionalmente?

Aparte, me pongo a pensar que debemos trabajar más en una educación para que el hombre no sea violento. La violencia hacia el género femenino radica en que generalmente quienes abusan de las mujeres son los hombres. Es decir, casi nunca son las mujeres las que agreden. ¿Por qué? ¿Por qué en general los hombres golpean, violan, abandonan? ¿Por qué las mujeres nos permitimos colocarnos del lado de la víctima?

¿Qué debemos hacer para evitar que siga siendo de esa manera?

Definitivamente, después de constatar con manifestaciones, marchas y las leyes que desprotegen, el punto de partida para comenzar a cambiar está en el hogar, en casa. En la formación de hombres sanos y respetuosos, como de mujeres sanas y decididas a ser respetadas (Y obvio también respetuosas).

Ambos objetivos se logran fortaleciendo la independencia de nuestros hijos, sean hombres o mujeres, su amor propio y su voluntad de seguir adelante, prevaleciendo siempre el respeto por el otro.

Desde un punto de partida en el que los individuos sean sanos, debemos entonces buscar una relación de pareja SANA.

Todos aquellos que tenemos una pareja o hemos tenido una, sabemos que la comunicación es fundamental y debe ser una comunicación muy sincera y muy abierta. Tan abierta y tan sincera como sólida.

Uno debe conocer los límites del otro y aceptarlos precisamente por amor y en aras de que la relación perdure; así como también debemos establecer nuestros propios límites para un OBJETIVO de amor común. Pero no que perdure porque “no me queda de otra y pues ya me amolé y aguanto todo”, sino que sea como debe ser: en armonía y de una manera sana.

Debemos respetar nuestra individualidad y dejarla en claro, así como aceptar la individualidad de la pareja, y tener claro, que es un ser que por amor ha decidido estar con nosotros, pero no nos pertenece.

Recordemos siempre que la pareja no está obligada a seguirnos, sino que está invitada a que nos apoye y decida si gusta o no acompañarnos.

La carrera por erradicar la violencia de género es larga y la “tirada” se ve lejana, pero debemos tener un punto de partida a la de ¡YA! Contribuir con nuestro cambio para erradicar del planeta el “ni una más” y el “ya basta”, de una vez por todas.

Por eso, mi insistencia en tener relaciones sin hábitos absolutamente tóxicos como:

No respetar la individualidad del otro, como les decía al inicio.

Hacer una novela por cada cosa que sucede.

Seguido me topo con amigas que hacen un episodio de revista “selecciones”, o me encuentro a mí misma también (¡cómo chingados no!), haciendo una novela digna de Corín Tellado/región 4, por cualquier tarugada que no merece más de dos líneas o de un “Ajá ok”

Inmiscuir un drama en nuestra vida de pareja o permitir que durante la relación pesen más en la balanza los episodios de gritos y llantos, también es una manera de violencia. Dicho en español mexicano: “Te la hago de pedo por todo” es sinónimo de violencia y punto final (es una manera de manipular, por ende… insano).

No echarle la culpa al otro de mis sentimientos…

Ahhh pero es que está re padre voltear a ver al otro para decirle: “Me hiciste enojar y por eso hice tal o cual cosa”. ¡No señores, no! Nosotros decidimos enojarnos. Nadie NOS HACE enojar. Aparte de soberbios, no rayemos en la “pendejez” de responsabilizar al otro por lo que sentimos. Este hábito es como un primo hermano del chantaje y les tengo noticias… también es violencia.

Celar bajo la máscara más usada del planeta de…

“Es que me cela porque me ama”. ¡Nooooo! Celar no es amar. Los celos pudieran entrar en el carril de las enfermedades porque son super nocivos si no se controlan.

Los psicólogos dicen que sentir celos es hasta cierto punto algo normal, pero lo que NO ES NORMAL es que dominen tus emociones, y por lo tanto, tus acciones, hasta llegar a destruir tu relación de pareja.

Tampoco vamos a caer en “tumbarnos el rollo” de que no sentimos celos por miedo al que dirán; ya que sentirlos y aceptar que se sienten, es hasta cierto punto, positivo para poder ubicarlos como un ejercicio de autoconocimiento; pero de ahí a subirle una rayita: ¡Aguas!

Los celos en formas distintas se expresan generalmente con enojo, llegando algunas veces hasta la violencia o a la agresión. Si celas o te celan al grado de no poder controlar estas manifestaciones, es necesario acudir con un especialista para solicitar ayuda profesional.

Y también, como en los puntos anteriores: una insinuación de que eres un o una cualquiera, un insulto, grito, “jeta” enfrente de todos, una agresión verbal (no se diga la física... obviamente) ES VIOLENCIA.

Y en todo este “armatroste” de toxicidades no puede faltar la famosa “costumbrita” de:

Dar regalitos para tapar una agresión (y lo peor, aceptarlos).

Desafortunadamente, muchos crecimos creyendo que las relaciones son como en los cuentos de hadas y que tu pareja es tu media naranja. Y no es así, nadie somos la “otra mitad” de nadie.

Somos personas COMPLETAS E INDIVIDUALES, y como tales, no valemos más si alguien está a nuestro lado, o menos, si alguien se aleja, como tampoco tenemos un precio para valer más o menos, dependiendo del tamaño del madrazo, del grito o de la falta de respeto.

El valor de nuestro Ser no venía con código de barras cuando nacimos. La dignidad la sentimos y es porque venimos con un sello de amor propio que si no cultivamos, se desvanece y dejamos de percibirlo.

No conozco alguien que me diga que se siente bien después de ese ramo de flores con la culpa inscrita en cada pétalo, o con esa bolsa de temporada que lleva por firma los gritos, los golpes o los insultos; en vez de la del diseñador.

Quien no experimenta un arrepentimiento sincero, carece de valor para enfrentarse a sí mismo, solucionarse, y por ende, solucionar su relación de pareja… por eso mejor compra y regala, porque su amor propio no da para más y apuesta a desvanecer el amor propio del agredido.

LA GENTE NO SE COMPRA, la gente no tiene precio. Insisto: No nacimos etiquetados y tenemos poros que transpiran. ¿Qué nos permitimos transpirar? Yo, por ejemplo voto por la libertad, la tranquilidad, la serenidad, la armonía.

Si algo me duele, me sobo, me fijo donde me caí o qué pisé, y la siguiente vez o lo quito del camino o no paso por el mismo lugar. NO podemos y no debemos permitirnos ser objetos. Desde el momento que aceptamos hacer un trueque de nuestra dignidad por un objeto, nos convertimos en eso: En un objeto.

No somos material de intercambios. Ya muchos años se partieron la madre para liberarse de la esclavitud por un color de piel, como para que lleguemos nosotros a decir: ¡Ah no espérate es que solo cambiamos de modus operandi en la esclavitud, porque resulta que ahora mi libertad y mi bienestar tienen un precio!

¿En serio? Pues bueno, ya saben a lo que vamos… eso también es violencia y de paso auto boicoteo, autogol… auto violencia (porque es como hacer la fila para dar permiso al control absoluto y a la disolución de la voluntad). ALGO por demás cruel.

Las dos cuartillas y media me limitan en un tema tan extenso en donde todos los caminos llevan a Roma: Para ser pareja, hay que ser individuos. Para ser individuos dignos de ser pareja, hay que estar sanos emocionalmente.

En la medida que seamos capaces de entablar una relación sana con nosotros mismos para formar una pareja, y quizá una familia; crecerá ampliamente la posibilidad de formar una sociedad sana y libre de violencia.

Al menos eso pienso, eso creo, eso siento, en eso tengo puestas mis esperanzas; porque la ley… esa, ya ni siquiera se puede escribir con mayúsculas.

¡Hagamos algo ya! Desde nosotros.

Ps.1. No lo digo yo, lo dicen las estadísticas: Es indispensable que en la vida de pareja, se reserven tiempos de esparcimiento individual. Las personas que viven en pareja y no tienen espacios para desarrollarse individualmente, generalmente desarrollan altos niveles de stress o ansiedad; que en algunos casos derivan en enfermedades crónicas como la depresión.

Ps.2. No soy fan de LUISMI pero el título de su disco “1+1=2 enamorados” es como una verdad absoluta. Ahí lo dice “2”. Eso implica que el uno se suma con el otro; no que se convierte, ni se deriva, ni se potencia, ni se multiplica, ni se integra… bajémosle de huevos a la intensidad. Nadie es pertenencia de nadie.

Ps.3. Dicen que para ser feliz hay que meterse un dedo a la nariz… No me ha pasado eso, pero lo que sí, es que procuro ver más allá de mi nariz. Si amamos debemos establecer límites. (Lean las mujeres que aman demasiado, por favor).

Ps.4. No es cuestión de feminismo, apuesto más por HUMANISMO.

Ps.5. Echémosle ganitas a la inteligencia emocional en la formación de nuestros hijos y a la de nosotros mismos. Algebra y ortografía -bueno confieso que con la mala ortografía si me dan ganas de madrearme a dos que tres con sus “k” en lugar de qué y los “haigas” lo encuentro extremadamente irritante jaja-, no generan violencia; lo demás, lo que viene en forma de antivalores... Sí.