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Tipo de Cambio 16/12/2012 -
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Somos lo que comemos, somos lo que escuchamos.

Llevaba meses esperando ver “Bohemian Rhapsody”… ya quería que fuera 2 de noviembre y cuando por fin tuve oportunidad de ir a verla, como una enana ochentera emocionada invité a quienes me rodean, pero debido a sus múltiples compromisos…me batearon.

Decidí irme sola y fue algo que resultó ser de verdad, maravilloso. (Confieso que de vez en vez voy sola al cine y es una práctica que disfruto mucho).

Escogí un buen lugar para escucharla al “fregazo” (Al centro) y para no verla con lentes ni con el cuello cual vil pollo próximo a ser parte de familia “Bachoco”. Me senté junto a una pareja que andaban alrededor de sus cuarentas.

El cine lleno con personas de todas las edades, las caras como pocas veces se ven en la sala de cine: Expectantes y sonrientes. La verdad es que todos nos veíamos emocionados de asistir. Bastó la escena de entrada y la música para que mi piel se estremeciera y no me quisiera levantar por nada del mundo. Y para mi sorpresa, por primera vez en mis múltiples años de cinéfila, no vi a nadie pararse ni al baño.

En la sala cantamos casi todos… yo me acoplé con la pareja ya que durante la película intercambiamos comentarios y miradas, risas y una que otra lagrimilla. El entusiasmo se vivía y como es de esperarse tampoco faltó el que siempre aplaude como si la pantalla tuviera tímpanos… pero al fin de cuentas es parte del show y “The show must go on”.

Salí dispuesta a poner algo de “Queen” en el carro, y afortunadamente ya estaba programada una de las estaciones con un especial; así que me fui escuchando más Queen hasta la casa (Ya saben ese fenómeno de la “Cicladencia” que le entra a uno antes o después de un concierto pero ahora con la “peli”).

Obviamente no era la única y en la espera para salir del estacionamiento se escuchaba la estación en varios carros a buen volumen, entre ellos el mío.

Llegué toda emocionada a contarles a mis hijos y a poner el concierto de “Live Aid” una vez más en la computadora; a leer más de Freddie Mercury, a checar su evolución, reseñas; ¡Todo un engrane! –En el cual estoy segura caímos muchos-

Y así dio inicio una semana llena de especiales, comentarios, videos compartidos en redes, etc. Hasta que llegó el día en que en una de las tantas notas me topé con una donde leí que por primera vez en “spotify” se habían descargado en la semana más canciones de “Queen” que de cualquier banda de reggaetón (Que es lo que más se descarga) ¡Santa Cachucha Batman! Casi me da el soponcio emocional más grande de la era.

¡Al fin! Algo que estuviera por encima del reggaetón (Mismo que debo confesar: Me tiene hasta la coronilla –madre-y sobre el cual me he preguntado muchas veces cuándo “chingados” va a pasar de moda).

¡Genial! Por fin varios jóvenes van a tener la oportunidad de escuchar composiciones con sentido y con más de dos méndigos acordes. Sumando a ello, las letras… las letras que son las que nos nutren el alma, la mente y el sentimiento.

Y es aquí donde me voy a echar un clavado con Ustedes. ¿Cuántas veces hemos leído el slogan o frase “Eres lo que comes”? Frase cierta y sabia como ella misma.

Comes comida chatarra y el resultado es una vida de baja calidad en la salud. Nutrirse es un tema en el cual muchas veces caemos en la confusión entre saciar un antojo y saciar una necesidad alimenticia de nutrición.

“Come frutas y verduras” es equivalente de salud. Hacer ejercicio, alimentarse balanceado y comer en pocas cantidades sin saltar las tres comidas siempre serán una fórmula infalible para una vida de calidad. No así la práctica contraria que comienza a hacer manifestaciones en la piel con unos bellos granos de la cuarta dimensión, resequedades, colitis, malestares estomacales, vientres abultados, dientes y huesos en mal estado, etc.

Pues bueno, así también sucede con lo que escuchamos. ¡Claro! Las palabras que nos dicen son las que nos nutren. Si nos hablan con amor, nos sentimos protegidos, aceptados. Si nos critican, nos hablan con desprecio, nos hacen menos… nos sentimos vulnerables, irritados, tristes.

Y es que el poder de la palabra es una vibración de energía muy poderosa, que si aparte le sumamos la música a las letras el resultado es una perfecta combinación para mover las fibras más íntimas del ser humano. Así ha sido siempre. Nos movemos con ritmo, nos conmovemos con melodías y sonidos, nos motivamos, nos agüitamos,

Por ejemplo: Si vamos a hacer ejercicio, basta que pongamos algo movido para correr al “beat” y para estar con el sentido de la energía en movimiento activo. Si vamos a leer, basta con escuchar jazz o algo de música clásica para lograr un mayor nivel de concentración. Igual si vamos a bailar, a pensar, a meditar, a bañarnos, a limpiar la casa.

La música está en todas partes y así también las letras. Pero así también están el ruido y los insultos.

La pregunta es: ¿Qué te permites escuchar tú y qué quieres que escuchen tus hijos?

¿Qué comes tú, que quieres que coman tus hijos? ¿Cómo quieres que crezcan y cómo quieres crecer?

Y perdón pero ¿Qué va de esto?:

“Y si con otro pasas el rato vamo a ser feli va mo a ser feli felices los cuatro” O algo tan misógino y grotesco como: “Mientras yo te toco ahí ih ih, la lengüita por ahí,ihih, yo te lo hago asi ihih, tu encima de mi ihih, y tú gritando asi ihih que te castigue asi ihih”

O seaaaa ¿Es en serio? Y eso es lo que se vende, así como los refrescos y las papitas de bolsa. Digamos que es el equivalente a unos churrumais, una bola de tamarindo con chile y pulpa rago acompañados de un refresco.

A esto: (Lo voy a traducir)
“…Pero acaricia mis lágrimas con tus labios, siente mi mundo con la yema de tus dedos y podemos tener por siempre, y podemos amar por siempre. Nuestro hoy es para siempre. ¿Quién de todas formas, quiere esperar para siempre?...”

Que sería el equivalente a una buena ensalada con aderezo balsámico, aceite de olivo, un filete de salmón del atlántico y una copa de vino.

Es el equivalente a demostrar el disque afecto con una patada o una palabra de desprecio y un beso a mordidas en comparación a demostrar el amor con un abrazo, una palabra cariñosa y un beso suave.
Discúlpenme pero mi alma vibra con “Another one bites the dust” y mis poros se alimentaron de cosas buenas como “These are the days of our lives”, “Who wants to live forever” “Too much love will kill you”, entre otras muchas canciones de otros grupos.

Pero hoy, le toca a Freddie Mercury y a “Queen” revivir la esperanza musical de una generación que es la equivalente a nuestra inmediata descendencia… la de nuestros hijos. Una generación que comentaba en la columna pasada es una generación más abierta e incluyente. Una generación que entiende bien el significado de una letra como la de “Bohemian Rhapsody” y a la que le toca saber las consecuencias de las decisiones que se toman en la vida.

Hoy le toca a “Queen” haber tenido la oportunidad de hacer esta película en el momento adecuado. Fue un verdadero “Touché” como cuando estás en el momento, lugar y el tiempo exacto… las coincidencias resultan ser no casualidades, sino causalidades necesarias para darle un respiro a las vibraciones de energía.

Creo que “Bohemian Rhapsody” vino a hacer las veces de un “Reset” donde yo por lo menos, tengo esperanza de que se desvanezca el reggaetón poco a poco.

Cuando me siento presionada puedo a escuchar a Bowie con Mercury y un riff de bajo perfecto acompañando mi estresado momento hasta darme cuenta que estoy cantando…
Mmm num ba de Dum bum ba de Doo buh dum ba beh beh ♪♪♪♪

Ps 1. Si no han ido a ver la película, no la “piquen tanto” y regálense la oportunidad de verla en pantalla grande (Cine…no vayan a salir con la payasada de que en mi casa la pantalla es grande)
Ps.2. Las películas que incluyen conciertos de rock se disfrutan más en sala de cine.
Ps 3. Si les dan a escoger entre churrumais y un esquite…escojan esquite. Si les dicen “TE voy a’ da’l hasta el cansancio” en buena onda ¡Corran y aléjense! Les puede dar algooooooooo.
Ps 4. Si los abrazan y les cantan “Love of my life” todo está dicho.
Ps.5. Volví a ver la película con mis hijos ¡Y lloré!