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Sin conexión

No es novedad que todos cambiemos no solamente en nuestra dinámica, sino en nuestro estado de ánimo, cuando estamos encerrados en un mismo lugar; sea cual sea el lugar.

Hablar de cómo nos sentimos puede ser liberador y más cuando se siente que se ha perdido cierta conexión con el mundo exterior.

Para nuestra fortuna, vivimos en una época donde podemos socializar a través de los medios. Y ¿qué decirles cuando se va el internet?

En nuestra familia, pasamos por ese trance de vivir sin internet durante cuatro días, cuando justamente iba “arrancando” el periodo de aislamiento.

Mis hijos pintaron “mandalas”, sacaron cosas que no usaban. Jugamos dominó, solitario, monopolio. Se hornearon más galletas y panes que en todo el año. Salieron los “dvds” con películas de la infancia, etc.

Es verdad, hubo y hay alternativas. Pero a diferencia de nuestra generación; estos jóvenes y niños se comunican mejor con sus amigos por redes que por llamadas de teléfono.

Vivir sin estar conectados, nos orilla entonces a ese tipo de conexión aún más complicada y profunda: la conexión interior. Y no crean que pienso ponerme de “Claudia Jodorowsky” (toda proporción guardada) a jorobarlos con temas de profundización. Hoy se antoja, abordar el tema de manera ligera y desenfadada (adhoc con el outfit de los más recientes días).

Conectar, de entrada es algo que se lee todo “animoso y hippie” ¿no? Algo así como “Conecta hermano” Algo que requiere de “a forzoris” una entrada (no se puede conectar nada sin la entrada adecuada – y no es albur-)

Conectar, ¡chingado… conectar!

¿Cómo conecto conmigo misma si no logro siquiera conectar con lo más elemental de mi supuesta creatividad y funcionalidad super “pro”?

Hago esta reflexión porque en pláticas con varias de mis amigas, hemos intercambiado nuestro estado de ánimo y he tenido confesiones en ambos sentidos de cómo nos sentimos.

Algunas sufren de depresión diagnosticada, y estos días no son fáciles de sobrellevar. Otras, simplemente se la pasan viendo noticieros y redes con información de los acontecimientos; impidiéndoles o mermándoles el ánimo de leer un libro, dibujar, pintar, bailar, etc.

Lo mismo me pasa a mí. ¡Igualito! Todo el año estoy a “duro y dale” con la cantaleta de que necesito tiempo para leer un buen libro (tengo tres en el buró) y no he comenzado ninguno, aún con este tiempo de sobra.

He estado escribiendo por episodios un libro, y ahora que tengo más que tiempo suficiente… Me he detenido y elijo ver series o hacer “playlists”, por encima de ponerme escribir. Ya mismo, dejé de escribir mi columna por semanas.

¿Qué me pasa? Hablo desde mí para poder extenderme y conectar con ustedes.

¿Por qué la apatía a ser creativa o a meditar por varios minutos durante el día?

¿Por qué no me pongo a hacer las miles de rutinas que hay en línea o a pintar las paredes de mi casa?

¿Por qué? ¡carajooo! ¿Por qué?

¿Será alguna forma de evasión? ¿Sera depresión momentánea? O simplemente el cerebro y el alma están en “stand by”

Y eso que yo, he salido por las mañanas a trabajar (con las debidas medidas) porque tengo gente en la obra y clientes que atender. Y aun así, desde las once de la mañana o a partir de mediodía estoy en casa.

Llego, me quito la ropa, me baño, me pongo pijamas y a resolver comidas, dar una que otra orden (por el desorden jajaja); lavar ropa, leer algo en las redes y a prender mi televisor para poner la serie que estoy viendo.

Luego, bajo a atender familia y lavar platos. Ya que veo medio despejada la zona de guerra, subo y sigo viendo series o una película. Llamo a alguna de mis amigas y entablo conversaciones de casi una hora, me sirvo una copa de vino, ceno con mi marido. Veo noticias de la noche y me duermo.

Eso hago todos los días, desde hace catorce días. No he hecho ejercicio como estoy habituada, no me he sentado en un rincón a escuchar música clásica, no he dibujado planos que tengo detenidos. No he escrito… Estoy entonces, desconectada.

Desconectada de mi rutina de andanzas aceleradas: Despertador, desayunos, lonches, vueltas de “ubermamá” a las escuelas, clases extracurriculares, obra, cafecito, cine, cenas, conciertos, etc.

El mundo se detuvo para sacudirse y en lo personal me ha pegado una sacudida, pero por como la estoy viviendo… una sacudida de pasividad (que no sé si sea positiva o no, pero mientras escribo, veo que no me siento mal conmigo misma – soy una desfachatada-)

Es decir, esta dizque apatía, quizás no sea tal y es la manera en la que mi Ser ahora se siente conforme y apapachado.

Ahora entiendo a los ermitaños y a los que se la pasan bajo la sombra de un árbol contemplando el piso, las hormigas o el atardecer. En mi mundo serían la estufa siempre ocupada, mis series españolas, mi bocina tocando “playlists” hechos en conjunto con amigos de las redes.

Mis bailes solitarios con pasos ochenteros mientras cocino, las voces de mis amigas y mi familia del otro lado del teléfono, la presencia de mis hijos y mi esposo con todo lo que eso conlleva: sus quejas, gritos, cantos, búsquedas de objetos perdidos (que parece que nomás una puede encontrar), videos, memes. La compañía peluda de nuestro perro y sus ladridos.

Si he de ser sincera, brindar por la vida me viene bien y me hace feliz.

Quizás varios no hemos logrado conectar como consideramos que debiera ser, pero quizás y sin temor a equivocarme, es que estemos más conectados que nunca y eso que hacemos por inercia, es lo que nuestro Ser en realidad necesita.

Ps. 1 Las series españolas, son la hostia, no estoy de coña y no es mola. Os las recomiendo ampliamente. Esto me ha lleva’o a estar jodiendo a los míos todo el día con mi acento andaluz jajaja.
Ps.2. No opongamos resistencia a lo que el Ser nos pide para fluir.
Ps. 3. Marie Condo no podría ser mi amiga, eso ya lo tengo comprobado tras estos días jaja.
Ps.4. Vivaldi nunca pasa de moda, acabo de escribir esta columna con su compañía.
Ps.5. Si salen, cúbranse la boca, usen lentes, midan su distancia y al llegar a su casa desinféctense toditos.
Ps.6. Después de esta pandemia, no vuelvo a chuparme los dedos en la calle después de un taco. Comer churritos suena a historia lejana de la era paleozoica.
Ps.7. El papel de baño y el licor, han escalado a artículos de primera necesidad en nuestras vidas. ¡Es cuanto! ¡Ánimo que solo falta que se encuentre la vacuna para el “JODID” 19!