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Padres helicópteros

A veces creo que todo es una reacción un poco exagerada de hoy, ante las medidas excesivas de disciplina que se aplicaban en el pasado en las escuelas. Porque si bien es cierto que todos marchábamos al son que nos tocaban, también es verdad que había excesos de autoridad (Pero por lo visto, no nos hizo daño como profesionistas –aunque si como padres-).

Sin embargo, en las décadas de los 70 y 80 los maestros tenían el voto de confianza y apoyo de los padres de familia. Digo, ¿Cuántas veces no volaba el borrador de madera por el salón de clases hasta que se callara el que estaba hablando? ¿Cuántas veces no tuvimos orejas de burro viendo al rincón? Y ¿Qué nos pasó? ¡Nada! (Físicamente hablando, pero al parecer psicológicamente hablando sí porque nos volvimos blandos y condescendientes con los descendientes)

Pero ¿Qué sucede actualmente que con más regularidad nos encontramos con padres de familia que abogan/defienden y sobre protegen a sus “angelitos”?

¿Qué pasa con mi generación que ahora que somos padres de familia hemos llegado al extremo de contradecir la autoridad del maestro cuando pone límites y consecuencias a nuestros hijos?

No hablo en general, porque generalizar no es el caso. Pero si cabe destacar, que cada vez son más comunes los casos de padres “Helicópteros” (Que insisten en que sus hijos tienen derecho a hacer lo que les dé la gana y pasar el año en curso, sin importar si han asimilado o no los contenidos, y sin importar la conducta que tienen con el resto de sus compañeros en el aula, así como con sus maestros).

Lo cierto es que en esta dinámica, algunas escuelas se han involucrado a tal grado que sus administraciones han sido permisivas, con tal de no perder alumnos en la matricula, contribuyendo con ello a un daño para la sociedad en su conjunto y donde el resultado inminente es una infancia/juventud incapaz de ser un miembro productivo.

Una sociedad que cada vez parece más lejanamente civilizada (Pues no debemos pasar por alto, que también la materia de civismo ha desparecido de la lista).

Ante tal problemática que quizás muchos no logran dimensionar… la pregunta es para nosotros como educadores de valores en casa, en la familia.

La educación comienza en casa (Eso siempre nos lo han dicho) Pero ¿Entendemos a cabalidad lo que esto significa?

Enseñar autodisciplina, empatía, responsabilidad, trabajo, paciencia, entre otras cosas, son valores que no vienen en un libro de texto.

Entonces cuando nos topamos con el caso del padre o madre que va al salón a gritonearle al maestro porque se le ocurrió ponerle tarea extra a la “Bendición” como consecuencia de un trabajo no hecho o una mala conducta… lo único que estamos demostrándoles a nuestros hijos es lo incapaces que los consideramos de solucionar las cosas y de afrontar las consecuencias.

¿Los creemos inútiles, vulnerables, débiles, ignorantes? ¿O de plano consideramos que son dioses de otra galaxia que no merecen las labores mundanas del mundo terrenal que habitan con uniforme?

Este fenómeno se da desde nivel preescolar y aunque usted no lo crea, hasta nivel de universidad.

Justo en estos días, preguntaba en mi muro de Facebook testimonios de amigos maestros que hubiesen atravesado por alguna situación así, donde para mi sorpresa en dos de los casos los alumnos eran de universidad.

¡Por favor nivel universitario, la mamá abogando por el chiltepín que no puede valerse por sí mismo y que necesita de la olla y la cacerola de la madre para afrontar una parte de su vida que es una simple materia! ¿No es esto ridículo?

Conozco de primera mano, el caso de una Maestra a nivel Posgrado a quien amenazaron con dañar su integridad física si no pasaba a su hija en la materia.

Y entonces entramos en temas de seguridad social cuando no debiera ser así. Parece como un cuento surrealista pero es verdad, es cotidiano, es de nuestros días. Hay maestros que tienen miedo de los padres. Hay Instituciones que no se “Avientan el tiro” de decirle que no al padre por miedo a una represalia. ¿En dónde estamos parados?

Por principio de cuentas, considero que mientras estemos conscientes de reconocer el esfuerzo y labor del maestro para preparar una clase; y segundo, reconocer que él es la autoridad máxima en el salón de clases, estaremos dando pasos seguros hacia una formación integral de nuestros hijos.

Lo que hoy es el maestro, mañana será el jefe o patrón de la empresa o el cliente que los contrate y en la medida que ellos respeten la autoridad, estarán forjando un camino exitoso, pues respetar al prójimo y obedecer las reglas son dos valores indispensables en el ámbito laboral.

Trabajar en equipo es la clave. Hacer equipo con el maestro, dejar que nuestros hijos sepan hacer equipo con sus compañeros. Enseñarles a ser parte del equipo de las labores de casa.

Los colegios/escuelas no deberían retroceder en ser instituciones en las que los niños sean severamente castigados por la menor de las tonterías, pero se ha llegado al extremo opuesto. O sea “Ni muy muy, ni tan tan”

Como sabiamente se dice: “Felicitar en público y corregir en privado”, si bien es cierto no hay que humillarlos porque no se saben algo, tampoco hay que dejar suelto el cabo de que deben esforzarse para lograr una nota.

Y a los padres “Helicópteros” que piensan que consintiendo todo, logran hacer a sus hijos más felices, les tengo noticias: No es así. Hay muchos estudios que demuestran que la tasa de depresión, las ansiedades y las adicciones han incrementado considerablemente en los estudiantes desde secundaria hasta Universidad, debido a la sobre protección de los padres.

Los padres “Helicópteros” deben permitir que sus hijos asuman consecuencias, que sus hijos obtengan la calificación que merecen, que si sus hijos se portan mal sus actos no queden impunes. Deben permitir a sus hijos que se sientan capaces, que superen la frustración, que vivan el aburrimiento, que aprendan a asimilar y medirse a sí mismos en sus capacidades para que sean positivos, productivos, así como miembros socialmente exitosos y activos.

Ps.1. Cada vez que consentimos a nuestros hijos, estamos poniéndoles obstáculos para ser felices y sentirse realizados y plenos.
Ps.2. Cuando los hijos lloran y se frustran, aprenden… nadie se muere de eso.
Ps.3. Aburrirse es parte de la educación… no les pasa nada si están aburridos, no quieran solaparles el llanto con el “androide o el iphone” ¡Que se aburran, por favor!
Ps.4. El maestro no es el origen de los berrinches de las “Bendiciones con patas”. No seamos conchudos evadiendo nuestra responsabilidad como padres y no hagamos de nuestros angelitos, un plástico de sololoi.
Ps.5. Hacer planas, no aparece en las estadísticas de motivos de muerte prematura. ¡Déjenlos que les salga un callo en el dedo… no pasa nada!