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Mexicanos... jodidos pero contentos

Los mexicanos somos una sociedad noble, incansable, y optimista hasta cierto punto con el futuro… pero al mismo tiempo, dependiente, reincidente, inestable, dominada por el fracaso de unos cuantos y con un terrible síndrome de inferioridad que lamentablemente aún no se supera en su totalidad.

En días pasados la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), dio conocer los resultados de su estudio "Better Life", en el cual México resultó para mi opinión, con una radiografía que no es nueva, con problemas en salud, educación, seguridad y empleo, temas que parecieran invisibles para millones de mexicanos y sobre todo para quienes ejercen el gobierno en México, así como para quienes ostentan un puesto legislativo como Diputados o Senadores.

Lo que resulta contrastante es que pese a estos resultados negativos, en lo que corresponde al rubro de satisfacción con la vida, los mexicanos sobrepasan el promedio de los países pertenecientes a OCDE, es decir, manifestaron mayor satisfacción o felicidad y tener más experiencias positivas que negativas en un día común.

México sigue siendo un país de grandes y dolorosos contrastes, con un nivel educativo vergonzoso, con una clase política que actúa por consigna de supervivencia, un país con un potencial enorme en todos los sentidos, que durante décadas ha sido saqueado y desperdiciado.

Hay lugares dentro del territorio mexicano por donde pareciera que el tiempo no ha pasado, y lo de menos sería que solo fuera en el aspecto visual, pero no es así; lo más preocupante es comprobar que existen millones de personas que no han tenido oportunidades para el desarrollo pleno, como si vivir en la pobreza y la ignorancia fuese un estado natural.

No obstante, por diversas razones el recurso que ha sido más desperdiciado en México desde que tengo memoria, es sin duda el tiempo.

El tic-tac del reloj o el segundo que avanza en la pantalla digital no tiene reversa, no se repite ni se puede clonar, el tiempo es un recurso no renovable, más importante quizá que el petróleo, ese oro negro que en muchas ocasiones ha sido tristemente el salvavidas de la economía mexicana.

Una de las razones que ha provocado ese tiempo perdido, ha sido la autoestima negativa que de manera cultural se ha heredado de una generación a otra, reflejada en la apatía, en la esclavitud de las capacidades y sobre todo del pensamiento, porque hasta la llegada del internet y las redes sociales, muchas voces se expresaban de manera subterránea, la crítica no existía, y el contraste de la realidad se ocultaba para evitar la inconformidad o el deseo de protesta.

Lo que describo no es cosa del pasado, es una situación que sigue presente, la sociedad mexicana no está bien informada y la comunicación es dominada por intereses monopólicos.

Las oportunidades de desarrollo formal, que se mantuvieron congeladas durante décadas por el régimen presidencialista del PRI, hoy se liberan a cuenta gotas y conveniencia de la situación política y económica del país, porque simplemente no hacerlo significaría un peligro inmediato para la estabilidad del actual gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto.

El tiempo pues… avanza y cobra facturas, pero que el tiempo pase no significa que las cosas cambien por sí mismas.

De nada sirve que los mexicanos seamos optimistas, de nada sirve intentar hacer las cosas esperando fallar en el intento, porque es más cómodo seguir igual que esforzarse para cambiar.

Necesitamos educación de calidad, educación que le brinde al niño y al joven el conocimiento y desarrollo de sus habilidades, que le de seguridad y libre albedrio para emitir juicios, para razonar, para tener una nueva generación de mexicanos que no vea la derrota como una maldición, sino como parte de un proceso natural hacia la obtención del éxito.

Tener un “sistema” educativo por los suelos, seguir perdiendo el tiempo en debates estériles entre la educación pública o privada, constatar que la caída de Elba Esther Gordillo no cambió absolutamente nada en el Sindicato de Maestros, y que a cualquier modificación legislativa se le quiera llamar "reforma profunda" es un reflejo de un país en el que el tiempo no se valora.

Que el tiempo pase y no se recupere, que se pierdan generaciones y oportunidades, que todo eso suceda no importa… porque los mexicanos seguimos siendo “optimistas”, pareciera decirnos el estudio de la OCDE.

Ante la falta de alternativas, lo que resta es invocar a un cambio de actitud, a un llamado a la reflexión, a cambiar la autoestima negativa por una positiva, en la que nos demos cuenta que cualquier cambio tiene su origen en una acción social, que como ciudadanos tenemos derechos y responsabilidades, y que no somos objeto de lástima o misericordia gubernamental.

El cambio de actitud requiere constancia, valor y decisión, una sociedad no puede avanzar si se la pasa quejándose de lo mismo por siempre, pero no hace nada para remediarlo. Ese dicho popular de “Todos son iguales…” aplicado a la situación que gusten, es solo una excusa para no asumir responsabilidad y echarle la culpa a terceros.

Parte del análisis que cada persona puede hacer, radica en admitir que la situación de atraso que vive México, no es solo culpa de la política.

La responsabilidad ciudadana, no nace ni concluye al momento de emitir un voto en una casilla; si esa responsabilidad se ha olvidado o se le ha diferido a otra persona, seguimos siendo responsables de lo que esa decisión resulte para bien o para mal.

En resumen, no podemos aspirar a que nos vaya mejor en la vida, ni podemos pensar que nuestros hijos tendrán oportunidades, si seguimos sin mover un dedo ante la desigualdad que prevalece en México.

Dejar pasar el tiempo, desperdiciarlo sin aprender de su historia y enseñanzas, me recuerda al ratón de laboratorio que corre en su rueda giratoria para alcanzar el queso sin lograrlo nunca.

El punto es que no nos creemos ratones, ni vivimos en un laboratorio… ¿O sí?

México es un lugar maravilloso y con gente verdaderamente extraordinaria, pero nadie puede experimentar en cabeza ajena, o comenzamos a cambiar o seguimos teniendo un lugar en las encuestas como un país jodido… pero contento.