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La sala de la casa y la sala de la funeraria

Por años me repito lo mismo cada vez que me toca presenciar las tan pocas visitas a la sala de los amigos o familiares y las tan saturadas salas de las funerarias.

Cuando era pequeña, recuerdo que se hizo famoso un poema de Ana María Rabatté –que fuera su “one hit wonder”- intitulado “En vida hermano, en vida”.

Lo recuerdo bien porque se hizo tan popular que hasta lo pasaban en las cortinillas de los cortes comerciales en la radio, a cada rato. Y como el subconsciente hace su constante labor no puedo evitar llegar a un hospital o a una sala de funeraria y repetirme en silencio “En vida hermano, en vida”.

Hace poco menos de un año, mi padre estuvo muy grave y las visitas de familiares que no veía hace mucho fueron el consuelo para nuestra familia ya que nos brindaron la fortaleza y calor que realmente necesitábamos.

Saber que le hablarían a mi padre aunque estuviera inconsciente, nos daba esperanzas. Al menos yo pensaba que si escuchaba la voz de sus hermanos, algo mágico sucedería.

Hace un año, uno de mis mejores amigos partió. No cabíamos en la Iglesia, y él, especialmente él, por encima de cualquier ser humano que he conocido en mi vida era un amigo incondicional y presente.

Y me pregunté cuando lo despedimos en el patio de su casa que estaba a reventar de lleno ¿Cuántas veces estuvo así de llena su sala comparada con la cantidad de veces que él (Rodrigo) fue a visitar cada una de las salas de nuestras casas para llenarlas con su energía siempre positiva y dispuesta a compartir?

Hace unos días asistí a la funeraria para darle el pésame a una amiga ya que su tío había fallecido. La sala estaba llena. Me dio gusto saber que era tan querido. Y otra vez la pregunta ¿Lo visitarían igual todos, en vida?

Hace poco falleció una hermosa madre de familia, joven, siempre fuerte y decidida luchando en vida contra el cáncer y supe de su hermosa ceremonia y de lo mucho que la quisieron. Me llena de alegría saber que muchas de sus amigas hacían rondas para visitarla mientras estuvo enferma. Nunca estuvo sola y eso es darse en vida.

Hoy, no me fue posible asistir a despedir a un amigo nuevo con quien conviví en los recientes tres años, alrededor de unas seis veces. Me dijeron que estaba llena la misa y el homenaje. Me pesó mucho no poder abrazar a su esposa y decirle cuánto lamento lo sucedido; pero me siento muy bien de saber que en vida, disfruté el tiempo que convivimos, que en vida, platicamos e intercambiamos ideas, degustamos vino y comimos sabroso.

Mientras escribo, hago en recuento de cuántas veces he dejado una carta por escribir, una llamada por hacer o una visita a quien hace tiempo no veo. Si bien es cierto que el tiempo laboral parece ser la constante de nuestras vidas; también lo es, que en el espacio de descanso nos dedicamos a ver la tele o a chatear y navegar en internet…

Pocas veces marcamos para ir a visitar a alguien. Pocas veces nos damos a la tarea de escribirle a quien hace tiempo no vemos. Y vuelvo al ejemplo de mi amigo Rodrigo que siempre tuvo el detalle de escribir a cada cumpleañero en su día un correo (no un chat ni un mensajito), una carta por correo muy personal.

Es de esas personas que siguen siendo porque dejaron huella en vida, porque no asistían al hospital y a la funeraria nada más sino que iba a los cumpleaños, a las piñatas, al café, a la sala de la casa, a la cocina, a la banqueta a platicar. Aparte de ser trabajador, profesionista, hermano e hijo presente.

Rodrigo me pone a reflexionar en estos días que la vida es presencia, que la vida es constancia, que los que van a la funeraria y pagan un boleto de avión se despiden sin ver a los ojos y no fueron mientras aún podían visitar bajo cualquier pretexto a esa persona cuando aún podían intercambiar miradas. (Y el boleto seguramente estaba menos caro, apaaarte)

Es muy bonito leer frases motivadoras y “copy/pastes” de Paulo Coehlo, pero mientras nos justificamos en las letras de otros para seguir no viviendo, el tiempo se nos pasa sin abrazar, sin dialogar, sin alimentarnos del amor de estar presentes en el presente.

Confieso que a raíz de estas reflexiones he decidido cambiar un viaje familiar al sureste del país. Primero iremos a visitar a la familia, a los primos y tíos que mis hijos no conocen y que hace años no veo.

Le apuesto mejor a la experiencia de recordar hazañas y travesuras infantiles para que nuestros hijos las escuchen y compartirlas con ellos –espero que no se aburran y luego me reclamen- y tomarnos muchas fotos.

Me parece que cada momento es una oportunidad. Y estoy cien por ciento segura de que nosotros somos los responsables de provocar los encuentros. Pero muchas veces posponemos la visita al hospital o a la casa del enfermo por angas o mangas; hasta que de repente resultó ser demasiado tarde y como ya sabíamos que el desenlace probable sería una despedida… lo vemos como algo predecible y nos esperamos hasta ese día para arreglamos e ir a los servicios funerarios. ¿Por qué? ¿En qué momento nos ganó el desaliento y no el aliento?

¿Cuántas palabras se quedaron en la intención?

¿Pediste perdón o fuiste soberbio hasta que ya no lo viste?

¿Le dijiste sus verdades a tiempo o un te quiero?

¿Ayudaste o jodiste? (jajaja)

¿Lo acompañaste o te fuiste?

Después resulta que muchos luchan para poder perdonarse por omisiones o por haber leído al revés la lista de prioridades. Por haber desequilibrado la balanza y nunca ponerle el eje o la pesa adecuadamente.

Hoy le dedico una sonrisa a quienes me han enseñado que las palabras, los abrazos, las visitas y hasta las mentadas de madre… son en vida.

A ti Rodrigo, que no creo que me leas pero me estás inspirando mientras escribo: Gracias por seguir en mi vida y haberme enseñado el color verdadero de la amistad (Como la canción con la que siempre te recuerdo “True colors”)

A ti Blanca, que pocas veces conviví contigo pero que el haber sido testigo de tu luz me fue suficiente para sonreír mientras compartimos un momento en la mesa y otro en un pasillo durante un taller de yoga.

A ti, Xavier, por haber abierto las puertas de tu casa, la lectura de un poema, y la plática siempre enriquecedora con una sonrisa en los labios y una comida sabrosa.

Que descansen Paz los que se adelantan y logran trascender la materia. Que no sea en vano su presencia en nuestras vidas… ¡Bueno! Ya eso, depende de nosotros.

Ps.1. Yo prefiero visitarlos en vida para que no me vengan a jalar las patas.
Ps.2. Si los sueñas, agradece el regalo y ¡Saluda, no seas mal educado! (No vaya a ser que se le trepe el apellido y luego se las cobre jeje)
Ps.3. Las salas familiares en las casas cada vez son más chicas (Por cuestiones presupuestales), no hay pretexto para que no se vean llenas de vez en cuando. No parecen estadios como antes. ¡Inviten!
Ps.4. La gasolina está cara (Y ahora escasa en muchas partes ¡ooops!) pero las llamadas son ilimitadas y la voz mueve los sentidos y acelera o tranquiliza los latidos.