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Hacer la tarea

Comenzó el ciclo escolar, y por primera vez en el siglo casi todo el planeta está cursando sus clases en línea, “home schooling”.

De entrada, ese es nuestro primer pensamiento. La realidad, es que mucha de la población del planeta aún no tiene acceso a redes sociales en sus casas, y en algunos casos extremos, ni en sus comunidades.

Nuestro siglo, dotado de tecnología y avances increíbles, fue puesto en “hold”, en un “tatequieto” donde el de la batuta en esta pieza musical, es por el momento un bicho amenazante que a ciencia cierta sólo nos ha dejado saber que no hay mayor seguridad que la prevención, el lavado de constante de manos y por supuesto el DISTANCIAMIENTO SOCIAL.

Dicha situación no excluye a las escuelas, pues no existe seguridad de que, si los niños o estudiantes de cualquier nivel regresaren a clases, saliesen invictos ante el amenazante bicho.

La vida nos ha cambiado el panorama por un momento y nos viene a dar lecciones a todos por igual: Ricos, pobres, jóvenes, ancianos, niños… ¡A todos!

Aprender o agradecer, ya es responsabilidad de cada quien.

Hace unas semanas, se hizo popular en las redes una imagen que mostraba la realidad de esta nueva modalidad de estudio.

En un recuadro, una madre de familia con sus hijos, asistiéndolos con dos computadoras portátiles, en una amplia mesa; en otro recuadro, otra madre de familia volteando a ver el televisor, mientras les dicta a sus hijas lo que ve, y ellas escriben en unos cuadernos sobre una mesita pequeña que comparten.

El factor común en ambos recuadros es la familia y la presencia de la mamá.

El titulo de la imagen: “Hoy, dos Méxicos regresan a clases”

Mi lectura de la imagen: “Hoy, una nueva realidad nos azota”

Si bien es cierto, la idea de esta campaña es ilustrar una clara diferencia social, la verdad es que esa ha sido y seguirá siendo la realidad por muchos años.

Siempre existirán pobres y ricos. Siempre habrá personas con más privilegios que otras, y no por eso, unas son mejores que otras.

Me parece desafortunado el enfoque divisionista, ya que es algo que nos rebasa “per se”. No podemos cambiar eso, ni sentirnos culpables por tener una computadora mientras otros no la tienen.

Como tampoco me parece sano que se promueva una cultura en la que se afirme que “los que no tenemos lo que otros tienen, somos desafortunados”.

El acierto radicaría en que cada quien hiciera conciencia, y desde nuestra comodidad, si es que gozamos de ella, fuéramos agradecidos; y desde nuestro sacrificio (si es que debemos hacerlo), también agradeciéramos.

Ayer me decía una amiga que quiero mucho: “Siento que me dieron un sopapo. Estaba quejándome de la corredera de un cuarto a otro para asistir a cada una de mis hijas (pequeñas) con sus clases, y el otro día vi en las noticias a varias familias bajo la sombra de un árbol para tomar nota, mientras pasaban la clase para todos”

Yo por un lado pensé: ¡Qué bueno que había un árbol!

Imagino a las personas que viven en estas comunidades, con clima extremo como el nuestro, yendo a ver una televisión en algún lugar donde no hay aire acondicionado o siquiera un árbol… y me duele el alma.

Entonces, volteo a mi alrededor, echo un vistazo interior y doy gracias.

Pero ¿Será que debo comparar para agradecer? Muy probablemente me estoy quedando corta en mi tarea de gratitud.

“Parece lógico, quien se dedica a valorar lo que tiene: la salud, pareja, hijos, trabajo y dar las gracias, tiene más opciones de tener pensamientos de felicidad que si dedica a contar problemas y sólo piensa lo negativo” *

Quizás hacer un ejercicio diario (como cuando se hacen planchas o abdominales) pueda crear una condición natural de gratitud. Empezar por agradecer estar vivo, disfrutar el sonido del viento, el olor del café, las carcajadas de alguien que goza un chiste, la dicha de tener amigos.

Si bien es cierto, que las personas agradecidas son felices; entonces, las personas agradecidas, son también generosas.

Me quedo aquí, no inmóvil, sino activando mi energía. La diferencia en la tarea es no quedarse con un “gracias” vacío o a manera de muletilla. No hay calificaciones, pero hay recompensas.

Ser compartido, generoso, ayudar, escuchar. ¡ESA ES LA TAREA!

Estar, quitándonos el modo “zombie”. Si gozamos del privilegio de tener computadora, wifi, y una mesa para que nuestros hijos cursen sus clases; no quiere decir que no nos estresaremos por no entender, o por que se cae la señal, pero si es un renglón subrayado con “hi liter” de fortuna.

Si se cuenta con la capacidad económica de apoyar a otros, hagámoslo. Sin aspavientos, sino como recompensa para nosotros mismos. Siempre que se da algo, el gozo es mutuo.

Si no tenemos una computadora en casa, ni wifi, ni una mesa gigante para que nuestros hijos tengan clases, no estamos exentos de gozar los beneficios de compartir el esfuerzo para lograr un objetivo en común. Y es a su vez, una oportunidad para valorar que tenemos una familia.

Dentro de este marco, de realidad social, también considero oportuno tomar en cuenta que muchas escuelas privadas, se han visto reducidas en sus matriculas y que esa “agua que nos llegó al cuello” a los padres, durante la pandemia, también les llegó a las administraciones escolares.

Es cierto, hay menos gastos por cubrir si no se usan las instalaciones, pero también es cierto que hay menos alumnos y que muchas escuelas deberán salir adelante para pagar su nómina, con hasta la mitad de alumnos.

Lo mismo para aquellos alumnos que solicitan que la UABC reduzca los costos (situación por demás entendible) pero a su vez, no olvidemos que el Estado sigue en deuda con la Institución y que, a nuestra Universidad, no se le debe poco, sino mucho dinero.

La realidad es abrumadora, la pandemia es un dolor de cabeza.

El presente es una oportunidad, la pandemia pasará.

Hacer la tarea, es entonces un ejercicio mucho más complejo que estar frente a un monitor o en una explanada común.

Hacer la tarea, es una constante oportunidad para agradecer.

¿Cómo vas con tu tarea?

Ps.1. Si se cae la red, se abre una ventana para mentarle la madre a Telnor o Telcel jaja.
Ps.2. Demasiado tenemos con la preocupación del bicho y el estrés de no olvidar el cubrebocas, el antibacterial y el contener los abrazos, como para amargarnos por lo que no tenemos o por lo que batallamos.
Ps.3. Antier pensaba cómo hubiera sido un capítulo de Barney durante la pandemia…tres doritos después: La “no” primera dama aparece en el balcón.
Ps.4. Ya nomás faltan 16 viernes para Navidad. ¡Agradezcan! Jajajajaja.

*https://depsicologia.com/un-25-mas-felicidad-si-se-es-agradecido/