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Egocentrismo

Cuando las circunstancias o las situaciones de la vida, nos llevan a creernos el centro de todas las preocupaciones y atenciones, podemos decir que hemos caído en ese tremendo y aparentemente luminoso (con “spot light” y todo) pero verdaderamente sombrío… Egocentrismo.

A raíz de estos días en que todos hemos sido alcanzados por algo que sale de nuestro propio control, como lo es una pandemia; lo único que podemos controlar es a nosotros mismos, pero ¡ay canijo esa tarea si está más difícil que cualquier problema complicado de cálculo infinitesimal!

Pudiéramos decir que tenemos control de nuestros horarios, pero muchos, ni en eso hemos logrado obtener el dominio; pues cuando no es un espacio ocupado por un hijo haciendo tarea o con clases en línea, es un vaso fuera de lugar, la ropa en una esquina esperando su turno para la lavadora, un pensamiento rondando… ¡En fin! Una larga lista de cosas que hacen que la rutina se vuelva un reto.

Aunado a esto, llegan las noticias con números aterradores, con hospitales saturados, con conocidos que se enferman o mueren. La realidad parece haber superado toda ficción y lo peor del escenario es cuando nos han delegado la única posibilidad de contribuir a que esto se detenga y no se convierta en una tragedia mayor: “Quedarnos en casa”

Quedarnos en casa, algo que pudiera sonar sencillo pero es retador. Con muchas vertientes, con muchas realidades. Retador por un lado, para poder dominar y controlar nuestro tiempo. Y por otro, para poder subsistir sin salir a trabajar.

La realidad de muchos es que si no salen, no comen. PUNTO. Y entonces, ¿Por qué algunos que tienen la oportunidad de quedarse en casa, inmersos en alguna burbuja de “No me va a pasar nada” o no sé qué chingados, deciden que van a salir por ahí a echarse unas cheves, nomás a visitar tantito a alguien o a una alberca (que “al cabossss” tiene cloro)?

Así, inmersos en la burbuja del SPOT LIGHT (“Yo quiero”, “yo necesito”) que en realidad, lejos de iluminar, oscurece. Inmersos en el egocentrismo ese, que no permite considerar a los que sí tienen que salir a partirse el lomo para poder comer, porque viven al día. A los que, con su egocéntrica salida, contribuyeron a quitarles la oportunidad de una cama de hospital, en caso de que lleguen a contagiarse, pues necesitan exponerse por un pan en la mesa.

Ese egocentrismo, que genera unos argumentos de auto engaño en la cabeza donde se justifica con maroma y media, más clavado en posición “C de lado y en “swirl” desde la plataforma de 30 metros; que nomás salieron a visitar un ratito a la comadre, al compa que si tiene cheve, pero “dizque” guardando “sana distancia” como si ya “pedos” fueran al baño con miramientos, etc, etc.

Una bola de pretextos maravillosos que bien pudieran llevarse a la almohada y dormir creyendo que no se hizo “nada malo” (como si ser ignorante, redimiera).

Pero resulta, que ese placentero sueño suyo, es la pesadilla de otros.

Le dan más chamba al personal de salud, lo exponen, contribuyen a que se saturen las camas, los hospitales y todo aquello de lo que aparte (por si fuera poco) tenemos carencia, debido a nuestro debilitado sistema de salud.

No pues, ¿saben qué? Si entramos en alguno de estos ejemplos: ¡Somos unos desconsiderados egocentristas!

Pudiera leerse como un artículo de enojo y descontento, pero es más bien una reflexión doliente.

Me duele, y conozco a otros muchos que si son empáticos, y están en sus casas porque tienen la oportunidad de hacerlo. Valoran eso y contribuyen con su ausencia a que aquellos necesitados puedan salir para que “busquen la papa”; a que los médicos no se enfermen, entre muchas otras cosas.

En estas pruebas es cuando nos damos cuenta de qué estamos hechos. Cuál es la calidad de nuestra madera, cuáles son nuestros valores, más que nuestra valentía; cuál es el sentido que tiene para nosotros la empatía y el derecho a vivir de los demás.

En estos días donde muy de cerca me he topado con ese enemigo (egocentrismo), he visto con gracia los memes y mames de la cerveza escasa; y con tristeza las filas inmensas para comprarla.
Me doy cuenta, que por mucho que valga una cerveza o por mucho que le suban el precio, no importa enfermarse y la gente sale a “apeñuscarse” literalmente, uno tras otro.

Ha quedado claro también que una pizza, tiene más valor que la vida misma. Y exponen a niños a las largas filas, como si ellos nunca se fueran a contagiar.
Y este “super combo” salió peor que el del egocentrismo solo, porque ya sumándole la ignorancia, las consecuencias no se cuentan en anécdota, sino en estadística.

Sería bueno saber si después de esta mega sacudida del tercer tipo, los enfermeros comienzan a cobrar más por ponerte una inyección y no solamente veinte pesos. Digo, ¡total! pueden pagar mucho más por una sola cheve y exponer sus vidas, ¿no?

Sería bueno saber si las farmacias donde hay consultas externas a cincuenta pesos, no serán cuestionadas después por sus consumidores; aunque hayamos testificado también que se puede pagar mucho más por una pizza y hacer largas filas sin importar el oxígeno que algún día pueda faltarnos, a nosotros o a alguien más.

Sin duda, el resultado de esta experiencia nos va a marcar. El trayecto en sí, nos está forjando, moldeando, tonificando.

La experiencia es personal, el aprendizaje igual.

No hay juicios, no hay consejos. Es solamente un grito desesperado, un desahogo desde mi pequeño espacio, donde me guardo por todos los que necesitan salir para comer.

Es un grito en fa sostenido, donde lloro por la pérdida de todos los que se han ido por causa de un “bicho” agresivo y por el egocentrismo de todos aquellos que no se quedaron en casa, pudiendo hacerlo.

Es cierto, la muerte nos llegará a todos, y de algo moriremos. Lo triste es no poder despedirse del ser amado, no poder velarlo. No poder consolar a nuestros enfermos, puesto que deben estar aislados.

Es cierto, no se trata de ver el mundo oscuro, sino con luz. Con linterna, vela, seguidor, lo que sea pero que sirva para alumbrar el camino y el alma; y no para usarlo como “spot light” sintiéndose el centro del universo. Porque ya queda claro que, el centro del universo, es el universo en sí. Y nosotros, sólo… pasamos por aquí.

Ps.1. Mi abrazo sincero a todos aquellos que conozco que han perdido a un ser querido en esta pandemia.
Ps.2. Que si el bicho existe o no existe, no está en cuestión. El bicho no piensa ¿ok? Ahí anda flotando. Si tú naciste y te cupo el cerebro en el cráneo, dale chance a tus neuronas de que se conecten, los resultados del razonamiento, siempre son mejores que los de las vísceras.
Ps.3. Por amor, a veces sacrificamos tiempos compartidos. Amar es un acto de responsabilidad, por encima del romance. Si te amo, te cuido.
Ps.4. Este 10 de mayo, súmense a la campaña de “No chingar a su madre” No vaya a ser que sea la última vez que la abracen.
Ps.5. Me queda claro que somos un minúsculo polvo en el universo, con posibilidades infinitas de ser lo más grande que elijamos ser.