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Detox emocional

Hace un par de semanas leí un texto compartido por una de mis amigas, que captó mi atención por el título: “Las personas que han salido adelante de una familia tóxica, son almas más bellas”.

Mi cabeza comenzó a hacer un recorrido por las múltiples ocasiones en donde me había encontrado en ese lindero, entre salir corriendo, o quedarme y aguantar los guamazos porque venían de alguien que era de mi canasta genealógica.

Y es que, por muy fácil que uno lo diga (ya casi a los 50 años) se antoja por demás difícil, desligarse de la carga emocional que representa el enunciado entendido hasta el tuétano de: “Ni modo, es tu familia y debes aceptarlo y comprenderlo”

Partiendo de ahí, se me ocurrió una idea para una fácil comprensión: Poner el todo como un póster gigante de película y visualizarme partiendo en pedazos ese poster con mis tijeras afiladas, como perfectas y embonables piezas de un rompecabezas.

Pero ahora, a diferencia de la cajita que siempre nos venden con las piezas para ir armándolas, les propongo que lo hagamos al revés.

Pensemos en ese cartel y dividámoslo para ponerlo de regreso en una caja,

Así que… ¡manos a la obra!

La familia es un paquete adquirido por nacimiento en donde si somos afortunados, crecemos en un ambiente armónico y rodeado de amor; si no, crecemos dándonos de topes por resolver emocionalmente lo que nos sucede en un ambiente desequilibrado e indiferente.

Cada quien tiene un póster diferente, con la imagen de la familia que le tocó, ya sea funcional o disfuncional. Con ambos padres, huérfanos, con abuelos o tíos criándolos, etc. (Hay un mundo de posibilidades)

En ese poster todos están en el mismo espacio, bajo el mismo cielo y tomados de las manos. ¿Qué sucede entonces si una de las figuras participantes, es lo que puede catalogarse como tóxica?

Me pregunto, ¿La quitamos de la “movie”? ¿La imaginamos en una postura diferente, dando la espalda, sentada o con la mirada distante? ¿O simplemente nos aferramos a tomarla de la mano sin soltarla porque aunque no nos haga bien, es de la familia?

Para responder esta pregunta de 64 mil, tuve que pasar por otro proceso de pensamiento donde me parece que lo primordial es preguntarnos a nosotros mismos:

¿Cuál es nuestro concepto de familia?

En teoría la familia es un grupo de personas formado por una pareja que convive y tiene un proyecto de vida en común (Eso dice el diccionario). En la vida real, cada quien tiene su propio concepto de la familia.

En lo personal, la familia para mí representa un lazo invisible que une en amor a quienes cohabitan y conviven idealmente en armonía, con una base sólida de valores en pos de la felicidad propia y la de los demás… Ahí hago un alto de tres segundos y me repito: “EN POS DE LA FELICIDAD PROPIA y la de los demás”

Okeiiii la cosa es sencilla (y no es consultar la sección amarilla). Lo primero siempre será estar bien uno, para poder darse o compartirse con los demás.

A mí me pasa que cuando estoy de malas vibras, he llegado inclusive a decirles a mis amigos o miembros de la familia: “Ahorita no soy la mejor de las compañías”.

Casi, casi como el famoso “no eres tú, soy yo”, y es que, reconocernos de mala “cacha” o con cierto grado de “malvibrosidad” es indispensable para no “regar el tepache” ante cualquier situación.

Volviendo al ejercicio del póster, comencemos por visualizarnos a nosotros mismos: Frontales, de lado, de espaldas, sentados, brincando, sonriendo, con jeta, con los ojos “echa’os pa’arriba”, con los brazos cruzados, en flor de loto, con cara de sospechosos… ¡Qué sé yo!

Luego, pasemos a ubicar a cada uno de los miembros de nuestra familia donde comenzamos siendo hijos. Y si ya somos pareja o padres, ubiquemos en ese otro póster al nuevo reparto y otra vez a nosotros.

La familia es linda, pero sí, tiene sus bemoles. Las notas no siempre hacen la mejor de las canciones y como dice el dicho “siempre hay un pelo en la sopa” ya sea que otro adquiera el don de ser ese pelo, o nosotros mismos lo seamos.

Pero en cualquiera de esos casos, considero que seguir formando parte de una familia no debe llevar implícito soportar o tolerar insultos, traiciones, vejaciones, burlas, deslealtades, indiferencias, mentiras, envidias, etc.

Dicen que las almas que logran liberarse de ese lastre crecen y son almas más bellas.

Digooo, no vas a dejar de ser la prima o primo, sobrina, tía, hermana, hijo o lo que sea que seas, de ese miembro que te resulta tóxico… ni modo, eso ya venía en el paquete.

Pero como lo único que no podemos cambiar en el transcurso de nuestra vida, es el pasado, entonces, cambiemos el presente para tener un futuro más alivianado y ligero.

¡Viajemos ligeros!

Ligeros de cargas emocionales. Hagamos un détox emocional, y si tenemos que dejar de convivir con ese miembro familiar que nos resulta incómodo o nos demerita y resta en vez de sumar, hagámoslo sin sentir culpas. Porque no hay razón para sentir culpabilidad.

Seamos prudentes, educados, afables, comprensibles pero no tolerantes. Porque si tenemos que decirle sus verdades de vez en cuando a quien nos está intoxicando el ambiente… pues adelante, hablemos, sanemos y liberémonos.

Y si no hay comprensión del lado receptor, entonces, querámonos tanto que podamos darnos cuenta cuando algo nos duele, y salgamos de inmediato de ese círculo.

Comprender no es sinónimo de ¡Aguántate y ya te jodiste! ¡Óigame no!

La carretera es dos vías (como dice una de mis hermanas) y si la hicieron autopista para un solo sentido pues ni modo, ahí nos veremos en la caseta (eso es de mi cosecha).

Eso mismo que nos sucede en familia, si no logramos resolverlo, lo traspolamos a las relaciones de nuestra vida social, o sea, soportamos y permitimos situaciones que nos lastiman también en nuestros círculos de amistad.

Y otra vez… regresamos al famoso póster de este día: ¿Cómo está la “movie” de los amigos? ¿Cómo los acomodamos? ¿Cómo nos acomodamos ahí nosotros?

A veces duele un “chingo” darse cuenta que no encajamos en donde antes nos sentimos a gusto.

Debemos comprendernos y reconocernos como seres cambiantes: Unos cambian para evolucionar y crecer, y otros cambian para involucionar y decrecer. Es parte de este “show”.

Y sucede que unos crecen más que nosotros y nos rebasan en su camino de entendimiento; mientras que en otras ocasiones somos nosotros quienes los dejamos atrás y no nos sentimos más en la misma “onda” o en la misma “vibra”.

Y eso también es sano, porque no debemos cargar con la culpa de aguantar lo que nos hace menos o nos pone tristes.

Así de sencillo como se lee, así como cuando éramos niños y si no nos caía bien alguien, no teníamos máscaras ni facetas para hacer la mejor de nuestras trompetillas, valiéndonos “churro” lo que pensaran los demás.

Lo importante era que el sujeto receptor se diera cuenta, y demostrarlo de esa manera era un gesto super sincero y honesto con lo que en ese momento sentíamos.

Las etiquetas no existían y viajábamos ligeros pensando en subirnos al columpio o rayar la pared con las crayolas.

No digo que ya maduros (si es que maduramos jeje) nos visualicemos rayoneando paredes o buscando columpiarnos todo el méndigo día, pero sí, que nos visualicemos en ese sentimiento de felicidad propia y genuina donde no carguemos con tapujos, ni lastres adquiridos porque así lo dicta la sociedad.

A medida que envejecemos, generalmente nos estancamos en relaciones que nos lastiman, nomás porque era el amigo desde primaria o del grupo “guachulirus” y ahora no queremos aceptar (por necios o masoquistas) que comete acciones que nos hieren y que son directas. Y como es parte de nuestro bagaje, nuestro programado cerebro dice que aguantemos.

Repito, viajemos ligeros.

¡A otra cosa mariposa! Lo mejor viene cuando soltamos esas amistades que son tóxicas.

Por ello, aquí les enlisto unos “puntillos” para darnos cuenta si estamos relacionados con alguien tóxico (familia o amigos), o bien, si nosotros somos ese agente tóxico en la vida de otros.

Las personas tóxicas:
-Son convencieras y te hablan solamente cuando necesitan algo de ti.
-Cada vez que tienen oportunidad, te señalan y recuerdan tus errores.
-Señalan tus inseguridades.
-No respetan los límites y te ponen en evidencia para que otros se burlen de ti.
-Se victimizan.
-Cada vez que estás con esas personas, terminas sintiéndote peor.
-Siempre es agua para su molino, sin reciprocidad.
-No te aceptan como eres, no te apoyan.
-Te aconsejan en modo negativo.
-No respetan a tus demás amigos o familiares.
-Te hacen sentir culpables por lo que les pasa.

Si la relación con cierta persona, te lleva siempre a situaciones que te comprometen o hacen sentir mal y solamente quiere hablar de SUS problemas, sin escucharte; quiere decir que no hay reciprocidad, y por lo tanto, no hay espacio para una buena amistad.

Para atraer relaciones sanas, debemos comenzar por nosotros.

“La única manera de hacer un amigo, es serlo”

El poster está ya dividido en las piezas necesarias, embonarlas nos corresponde a cada uno de nosotros.

Y no pasa nada si decidimos dejar huecos. Al final del día, el protagonista es el responsable de su propio cartel y siempre se abre la oportunidad de crear escenarios diferentes… escenarios sanos.

Ps. 1. Este ha sido un año de acomodar muchas piezas (personales) y me atrevo a escribir esta reflexión después de haber depurado de mi vida varias “amistades” que ya no eran sanas, lo mismo con miembros familiares. Me regalé un détox emocional.
Ps.2. Se venden jugos y “madriola” y media para détox nutricionales. Los emocionales no se venden, se generan. ¡Pilas, gente bonita!
Ps.3. No es que sea egoísta alejarse de un familiar o amistad tóxica… es saludable.
Ps.4. Los buenos amigos y familiares, añaden valor a nuestras vidas. Hay que sumarle, no restarle.
Ps.5. Si sumamos años, restemos daños.
Ps.6. Que las cargas sean pocas, las andanzas satisfactorias, los lazos armoniosos y las sonrisas sinceras.