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Buscando el ojo del huracán

Seguramente varias han sido las veces en que nos gana el agobio y no tenemos la mente clara para salir airosos de una situación, que en su preciso momento, parece un verdadero laberinto donde aparte de no encontrar la méndiga salida; cargamos una piedra como “El pípila” y tenemos las agujetas de los dos tenis entrelazadas de los tobillos.

A mí en lo personal, no me ha sucedido nada más varias veces, me ha sucedido ¡muchas! Y por más que le busque y le dé vueltas siempre llego a la conclusión de aquel sabio consejo que dice: “Si tu problema tiene solución, ¿de qué te preocupas? Y si no tiene, ¿de qué te preocupas?

Sin embargo, en lo que “son peras o manzanas”, estamos inmersos en el huracán sin ver claro y sin poder siquiera conciliar el sueño. Esto nos lleva, por ende, a desarrollar altos niveles de estrés y como cadenita le siguen las enfermedades y/o en algunos casos el aislamiento.

El ser humano por naturaleza, no es un ser solitario. Se necesitan momentos de solitud, es cierto; pero no somos un hongo perdido en el bosque o un caprichoso ejote en medio de algo. Somos por naturaleza, gregarios. Nos gusta estar acompañados, sentirnos aceptados, compartir momentos, pensamientos y experiencias.

Entonces, pensando en esto, me da vueltas la vida sin poder pasar saliva al darme cuenta del alto índice de suicidios entre los jóvenes.

Números y estadísticas desconsoladoras que se han disparado de manera exponencial.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 40 segundos se suicida alguien.

¡Es la segunda causa de muerte en el mundo entre las edades de 15 a 29 años! (Una edad que debiera ser llena de alegrías, retos y crecimiento).

Por ejemplo, este dato: en 2016 el 79% de los suicidios se dieron en países de ingresos bajos o medianos. (Lo cual indica que el factor económico llega a “pegar” hasta ese grado).

“¿Quién está en peligro?

Si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales (en particular los trastornos relacionados con la depresión y el consumo de alcohol) está bien documentado en los países de altos ingresos, muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como los problemas financieros, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicos.
Además, las experiencias relacionadas con conflictos, desastres, violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento están estrechamente ligadas a conductas suicidas. Las tasas de suicidio también son elevadas entre los grupos vulnerables objeto de discriminación, por ejemplo, los refugiados y migrantes; las comunidades indígenas; las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales, intersexuales; y los reclusos.”

Entre los diversos textos que consulté y algunos foros que encontré, me di cuenta que la mayoría de las personas que logran suicidarse no son de “una primera vez”; generalmente lo han intentado antes y casi siempre dejan mensajes, huellas o señales en búsqueda de ayuda por parte de las personas más cercanas a ellos.

Sin embargo, la mayoría de los “no suicidas” no estamos preparados para leer las señales y no contamos con la educación necesaria para afrontar esta problemática de salud social.

Creo que las escuelas deberían incluir programas de prevención del suicidio y capacitar tanto a maestros como directivos para estar atentos y alertas a las señales de los alumnos, que por lo visto, son la población más vulnerable.

No obstante, a pesar de ello, en nuestro país a veces parece que este sigue siendo un tema de tabús y estigmas.

Haré un paréntesis aquí para recordar un día que en cuarto de primaria nos hablaron de sexualidad... “tema tabú”, el cual sorpresivamente no fue tanto para las religiosas de la escuela, sino para algunos padres de familia, que al día siguiente fueron a platicar con la “madre” en son de reclamo por habernos hablado de nuestros aparatos reproductores (como si no fuéramos humanos, terrícolas, naturales) y habernos explicado lo que era el coito y la prevención del embarazo.

Así, como en ese ejemplo de 1984 parece que estamos ahora, pero con el tema del suicidio; que desafortunadamente es algo cada vez más común entre la población joven. Y el meollo del asunto es ¿cómo fregados hacerle para prevenir que esto siga sucediendo con tanta frecuencia? Porque no “me chinguen” pero un suicidio cada 40 segundos es una cantidad altísima de “ex vidas”, de últimos suspiros y alientos… y ¡no se vale!

El tabú radica en que la mayoría de las personas hablan de quienes no encuentran salida alguna, como si fueran cobardes o ignorantes, incluso egoístas (y es entendible este punto de vista, pero no es cierto, no puede ser absoluto) ya que muchas de las personas que ponen fin a sus vidas no han sido diagnosticadas a tiempo como enfermos en materia de salud mental, o están solos y no hayan consuelo, o ¡yo que sé! pero no deberíamos juzgarlos.

Y aquí, tratando de embonar las piezas llego a pensar que definitivamente el hecho de perder los lazos de comunicación directa, desde vernos a los ojos y dirigirnos la palabra de frente, hasta volvernos insensibles con tanta violencia a la mano en la tele, en redes, etc. ha detonado que sea, el suicidio, desde hace tres años la segunda causa de muerte entre los jóvenes.

Porque aparte, ya toda la violencia es tan de toooodos los días que nos volvemos insensibles socialmente.
¡Obvio! Porque cada vez hay más soledad (y convivimos más con el “pinche bicho” androide que con las personas sin “aparatejos” de por medio) y no estamos diseñados para ello.

Porque cada vez hay más aislamiento y tampoco venimos diseñados de manera natural para ello. Porque cada vez hay menos empatía, o como diría mi madre: Menos lazos solidarios de amor.

Afortunadamente, como decíamos al inicio del texto: Todo tiene solución. ¡Todo eh?! (Pitágoras no era ningún improvisado) y la OMS cuenta con un muy detallado programa para la prevención y atención de esta problemática de salud. (Y así debe verse: como una problemática de salud – sector que hoy en nuestros días, en México, no es prioridad del gobierno, tristemente-)

Sin embargo, nosotros como familiares, como miembros activos de una sociedad podemos involucrarnos comenzando por informarnos, suscribirnos a foros de apoyo, o bien, hablando directamente con quienes tenemos contacto directo: hijos, amigos jóvenes, maestros, amigos de nuestros hijos, primos, sobrinos, etc.

Entre otras cosas leí que “Por cada suicidio consumado, hay 278 personas que han seguido adelante con sus vidas luego de tener serios pensamientos suicidas”.

Eso ha abierto la esperanza para muchos que se autodenominan “Sobrevivientes a un intento de suicidio”, mismos que hoy forman parte de una red donde acuden a pedir ayuda contando sus casos sin hacerlo desde el anonimato, promoviendo con ello que se sientan escuchados, y a su vez, siendo parte de la solución en grupos de apoyo y foros públicos donde se sienten integrados y capacitados para ayudar a otros en circunstancias de desesperanza y desesperación.

Y aunque no lo crean, en los foros que entré a “stalkear” me sorprendió la cantidad de personas que participan, desde unos que piden un consejo para quitarse la vida, hasta otros que los incitan a hacerlo, y si han de seguir en el foro es porque son unos cobardes. ¡Hay cosas en las que las redes se han convertido toxicas y nocivas, y esta es una de ellas!

Me quedé con el corazón hecho un nudo al leer tanta frialdad y falta de piedad… Pero, esos, son los menos y hay esperanzas. Hubo, entre todos los comentarios, uno anónimo que llamó especialmente mi atención y que comparto aquí con ustedes porque me pareció una manera de ver la oscuridad como luz y el abismo como ascenso:

“…Esa gente, sea por el motivo que sea, ha decidido acabar con su vida, porque no ha podido aguantar-la en la sociedad. No se dan cuenta, muchos, que ellos lo que quieren es vivir. Vivir más que nadie... Es paradójico, pero el hecho de querer morir, reivindica aún más las ganas de querer vivir. Una vida que te guste”

No voy a negar que me engrané más de diez minutos leyendo y releyendo las líneas de este pensamiento. Imaginé que probablemente era el sentir de un sobreviviente expresado en tercera persona y me gustó saberlo, me gustó pensarlo así: Que esas personas en realidad lo que tienen son unas inmensas ganas de vivir.

Y ¿Cómo no?, si la música es tan maravillosa, la comida tan deliciosa, el viento un deleite, los olores un regocijo, y los abrazos un viaje sin kilometraje medible

Porque vivir, es un derecho al que no debiéramos permitirnos renunciar… Porque la “lucha” es la mayor de las fortalezas con la que fuimos provistos para avanzar.

Porque despedirse de manera natural es un aprendizaje para aquellos a quienes se les presenta la oportunidad de prepararse en su desprendimiento; pero renunciar a ello, sin espíritu de lucha, es una verdadera y dolorosa media vuelta.

Con ánimos de interesarlos en formar una sociedad más empática, menos frívola, fría, ignorante e indiferente; comparto con ustedes este texto, que más que lleno de miedos, está lleno de vida y esperanza.

“Porque siempre de los siempres habrá un ojo en cada huracán”

Ps.1. En solo pocos estados (8 para ser exactos) hay quienes han encontrado la ayuda necesaria al llamar al número de asistencia del gobierno para estos casos. Esto según el testimonio de un joven que hizo el experimento en 23 Estados. Conclusión: “Está del nabo” y aquí les comparto el link para que lo lean todo.

Ps.2. Si sientes que el aire no te alcanza, que el dinero te falta, que no llega la chamba, la enfermedad avanza, y las lágrimas se asoman, no puedes masticar, hablar, sostener tu cabeza… Piensa que por algo experimentas eso y llámale a un amigo.

Si no tienes a quien llamar, ve a un templo o a un espacio abierto y respira profundo… Arranca zacate con tus puños, lanza piedras, llora hasta morder el piso (eso hice yo una vez… confieso) y después, te sentirás liberado. (Es un pequeño consejillo en casos de desesperación extrema, que les comparto porque me funcionó).

Ps.3. Nuestro instinto nos invita a sobrevivir. Vivamos y ayudemos a vivir. Considero que la fuerza de nuestros comentarios, nuestros pensamientos y nuestra palabra, conllevan a la fuerza de nuestras acciones.

Ps.4. Estemos atentos a nuestro prójimo, ese… el más próximo y no juzguemos. Mejor, seamos parte de la solución.

Comparto estos links donde pueden informarse:

https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/suicide

https://www.univision.com/noticias/salud-mental/una-fotografa-muestra-co...

https://www.buzzfeed.com/mx/mauriziomontesdeoca/lineas-telefonicas-suicidio

*Organización Mundial de la Salud/temas de salud/suicidio/detalles.