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Yo no puedo ser doctora ¿Sabes por qué?

¿Quién no les ha hecho a sus hijos la siguiente pregunta? Hijo, ¿Qué quieres ser de grande?...

Creo que la mayoría de los papás hemos planteado esta interrogante a nuestros hijos, un poco para saber hacia dónde van sus inquietudes y otro tanto para irnos preparando con tiempo en caso de que deseen algo sumamente difícil de atender.

Recuerdo que en una ocasión mi esposa le llegó a preguntar a una de nuestras hijas, que en ese entonces tendría unos 5 años, el siguiente cuestionamiento:

-- Hija ¿Qué te gustaría ser de grande? ¿Profesora como tu tía Irma o doctora como tu tía Evangelina?

-- Mmmmm…. Mi hija se quedó pensando unos segundos, como si tratara de acordarse de algo. Luego dio una respuesta convincente que sin lugar a dudas marcó su decisión.

-- Mira mamá, yo no puedo ser doctora ¿Sabes por qué?

-- ¿Por qué hija?

-- Pues porque sólo me sé tres medicinas: paracetamol, ambroxol y nimesulida.

¡Claro! Cómo se nos ocurrió pensar a nosotros que podía ser doctora, si ella dentro de su cabecita sabía que no estaba preparada para ello.

Esto nos hace reflexionar que el pensamiento de los niños no es igual que el de los adultos, las cosas abstractas no las pueden visualizar, es por eso que debemos de conocer bien a nuestros hijos, saber de sus inquietudes y habilidades, reconocer sus destrezas y ayudarlos para que puedan reforzar aquello que es necesario hacer.

Lo comento porque estuve trabajando hace meses unos talleres de vida con jóvenes de una secundaria ubicada al poniente de la ciudad, prácticamente donde termina Mexicali y ahí me encontré que muchos de ellos no tenían claro cuáles eran sus habilidades y actitudes.

La gran mayoría desconocía las cosas que podían hacer bien; y por el contrario destacaban todas las cosas que, según ellos, hacían mal.

Al preguntarles sobre qué era lo que regularmente escuchaban de sus padres ellos me dijeron que constantemente escuchan las siguientes expresiones:

-- ¡Eres un bueno para nada!
-- ¡Tienes manos de mantequilla, todo se te cae!
-- ¡Todo lo haces mal!
-- ¡Eres un inútil!
-- ¡Deberías ser como tu hermano!

Palabras que tal vez no tengan intención de dañar la vida del hijo, pero que el joven considera que son verdad absoluta y que por tal motivo no son dignos de tener cualidades o virtudes.

Y si ellos no ven cualidades en sí mismos, entonces no las van a poner en práctica, porque están convencidos de que todo lo hacen mal.

Es muy importante tener en cuenta lo anterior debido a que las palabras generan ideas, las ideas crean pensamientos, los pensamientos forman actitudes y las actitudes provocan acciones.

Imagínese qué tipo de acciones estaremos sembrando en nuestros hijos, cuando constantemente les estamos remarcando sus puntos débiles y no destacando sus fortalezas y habilidades.

Traigo a la memoria un caso que alguna vez me platicaron:

Se trata de una persona que prácticamente no hablaba, era reservada en grado superlativo. Su voz era desconocida para casi todos los que la conocían.

Una vez se le escuchó decir que cuando era niña ella platicaba mucho, casi casi hasta por los codos. Pero cuando tenía unos 6 o 7 años se encontraba hablando como era su costumbre, llegó su papá a su casa y ella se puso a platicar con él, tuvo que haber llegado cansado porque justo cuando estaba pasándole sus actividades diarias, su papá le dijo la siguiente expresión:

-- ¡Hay hijita como hablas! Cállate un poquito, ¿sí?

Desde ese momento su hija prácticamente se volvió muda.

Seguro es que el papá no tenía el más mínimo interés de lastimar o afectar a su hija, más sin embargo ocurrió. Y eso que no fue una expresión insultante o denigrante. Imaginemos lo que podemos provocar en nuestros hijos cuando les decimos cosas que los descalifican, cuando los comparamos con otros o cuando les deterioramos su autoestima.

Hay que esforzarse por reconocer cualidades, valorarlas y encausarlas. Un joven con autoestima adecuado, es una persona que será capaz de salir adelante y lograr sus metas, es una persona segura de lo que tiene y lo que es, sin tener necesidad de pasar por encima de los demás porque está seguro de que es un ser valioso y respetable.

Para concluir comento que mi hija está estudiando el cuarto semestre de la licenciatura en educación preescolar, porque bien sabía que de medicina casi no sabía.