Clima Mexicali - Isolated Thunderstorms, Min: 29 C, Max: 39 C
Clima Tijuana - Parcialmente Nublado, Min: 18 C, Max: 27 C
Mexicali Centro Autos - 10:00 am PDT30 min, 8 líneas abiertas
Mexicali Centro Peatonal - 10:00 am PDT40 min, 3 líneas abiertas
Mexicali Centro Ready Lane - Update Pending
Mexicali Centro SENTRI - 10:00 am PDT0 min, 2 líneas abiertas
Mexicali II Autos - 10:00 am PDT40 min, 2 líneas abiertas
Mexicali II Peatonal - 10:00 am PDT0 min, 2 líneas abiertas
Mexicali II Ready Lane - 10:00 am PDT15 min, 5 líneas abiertas
Mexicali II SENTRI - 10:00 am PDT0 min, 1 líneas abiertas
Tipo de Cambio 16/12/2012 -
Compra : 12.85 ,
Venta :
13.10

Tres razones para odiar al enemigo o De cómo diantres he salido viva

Cae la tarde, todavía me duele el tobillo por el torzón en la corretiza de anoche. Respiro profundo para no ahorcar a la mujer de la encuesta. Pili me pregunta si así o dos dedos más mientras la mujer insiste con el inciso A, B o C. No he puesto atención, vamos en la número 7, sigo pensando en el robo. Le estoy preguntando si su pareja le ha regalado alguna fragancia en los últimos doce meses. No, le contesto, dos dedos por favor, indico a Pili, la dueña de la estética.

¿Y en los últimos doce meses usted le ha regalado alguna fragancia a su pareja?, niego nuevamente, rotundamente. ¿Ninguna?... Inhalo y exhalo, debo tolerar a la incrédula señora. ¿Cómo dos dedos Laura?, me insiste Pilar la peluquera, si estás casi a rape. Ninguna señora, no tengo pareja desde más de hace doce meses. Preocupada porque mi respuesta no concuerda con los incisos de la encuesta sobre tendencias en fragancias, titubea, ¿pongo “Otro”?... o, ¿en los últimos doce meses su hermano…?, no tengo hermano, bueno, su amigo, ¿qué no sale usted a bailar o algo?… Pilar se ríe a carcajadas, Abril, que tiene una toalla caliente en la cabeza, interviene: señora, mi mamá sí usa perfume, pero no sale de noche desde hace mucho tiempo. Pili mete tijera.

Una relación puede soportarlo todo, pero ningún ataque de celos es comparable a los secuestros.

Agosto de 2005. Razón 1. Nada de romántico tiene reconciliarte en pleno robo. Visita a la Cineteca, una relación que se rompe. Termina el filme, lloras, el ambiente no está para menos. El tiempo que no das, los esfuerzos que no pones. Subes al auto. Ya no hay lluvia, tampoco relación. Kilómetros adelante, está bien, perdonas, semáforo en rojo, un beso y el tremendo vidrio que truena como si algo lo golpeara.

Volteas, te preguntas si lo has visto en algún lado, tratas de ubicar el rostro del joven, no lo recuerdas, hasta que bajas la mirada y te entra el pánico, tiene un arma. ¡Atrás cabrones y calladitos! El auto avanza, cierras lo ojos como te dijeron, piensas de inmediato en las portadas amarillas del los diarios con cuerpos sangrientos, los decapitados y las muertas, jamás creíste terminar en una foto, embolsada.

Te metes en tus fantasías, tratas de no escuchar y piensas: esta noche me muero. Y ustedes calmaditos, si nos hacen caso no les va a pasar nada. Cooperas, no sabes ni cómo. No puedes evitarlo, continuas pensando en la muerte. A ver cabrones, no se hagan los graciosos. Tú, anota en un postit tu pin y no nos vayas a echar mentiras o te mueres cabrón.

La revisión de las bolsas: del pantalón, de la chamarra. Es más, mejor quítate la chamarra. A ver, abre los ojos pendeja, ¿dónde está tu bolsa? No sabes la hora. Ni el sitio. Abres los ojos. Sientes la voz de tu compañero, su tono te tranquiliza. Dice a todo que sí, era su tercer asalto, te toma del brazo, es fuerte, por lo menos no te matarán sola. Miras, son tres tipos. Ella, que podría ser tu hermana menor, da las instrucciones. Sin agacharte mucho la encuentras, se la das, te arrepientes.

¿Quién es esta niña? ¡Contesta cabrona!, ¿qué edad tiene?... ¿Es tú hija, verdad? Tiene 3 años. Rezas. Les diste el teléfono, la dirección y hasta el color de ropa interior que llevas. Ya no piensas en tu muerte sino en la estúpida idea de llevar la foto de Abril en la cartera. Y sientes que quieres matarlos y gritas por dentro y te desgarras, pero no lloras. Los odias. Tienes pavor. Te bajas con tu compañero, te pegas a la pared y no volteas. Llueve, tienes frío, es de noche. Maldita ciudad de mierda. No razonas. Estás como te dijeron: pendeja.

Días después los encuentran, vas al careo, los identificas. Sueñas con sus caras y las escuadras plateadas chocando contra el cristal. Fuiste a la Dirección General de Víctimas al Delito, escuchaste cientos de historias como la tuya y volviste a tu casa de nuevo para no dormir tranquila, hasta la fecha.

Septiembre de 2008. Razón 2. Cuando vayas al aeropuerto, por favor toma tu tiempo para que los ladrones no trabajen bajo presión. Como ciudadano cualquiera, uno no tiene derecho de imponerle cronómetros a los profesionales ladrones coludidos con los taxistas, es de muy mala educación entorpecer su delicada labor, ellos deben trabajar en condiciones decorosas.

Conociendo el tiempo aproximado que toma el secuestro exprés sin intervenciones que obliguen a soltar algún disparo o golpe, cooperé. El libro que llevaba sobre las piernas, Ulises, para Abi, en la nueva edición ilustrada de Almadía, cayó al suelo del auto cuando uno de los tipos me empujó la cabeza hasta dejar mi cachete embarrado contra el asiento.

Le había dicho al taxista que en la esquina, curiosamente se detuvo en el lado contrario. Mientras bajaba mi cráneo empujado por la mano del ladrón de chaqueta de piel, pensaba, son las 8, esto durará hasta las 12 pasadas, sí alcanzo a llegar al aeropuerto. Trabajaba en Conaculta, al otro día iniciaría un encuentro en el que participaría Geneviève Patte, francesa especialista en bibliotecas que llegaba justo el día de mi segundo secuestro, yo tenía que ir a recogerla.

El robo que a todos nos reunía en el Volkswagen bicolor disfrazado de taxi: el chico de enfrente que no tenía suerte con las mujeres, el ex policía que olía a loción Siete Machos, el taxista aparentemente preocupado y yo, que estaba en la prisa de llegar a tiempo al aeropuerto, fue más cordial que el anterior, más mi terror inició cuando ya sobre la marcha, el ex policía me confesó su oficio y me dijo que me estuviera quieta: tranquila mi Lau, si te portas bien, no te violamos, a ver, estate calmadita y comienza a quitarte la ropa.

Yo no comprendí como andando, sobre la lateral de Reforma a vuelta de rueda, nadie notara que una mujer con cara de susto se estaba desnudando en la parte trasera de un taxi y me paralicé al descubrir que me llamaban por mi nombre. Durante el toqueteo creí morir, no sabría de mí si las manos del ladrón sobrepasaban los límites de lo tolerable que de por sí era ya horrendo.

El chico de enfrente me preguntaba, ¿por qué crees que no le gusto a las mujeres mi Lau?, el taxista seguía manejando. El que me abrazaba me permitió vestirme, es que tú no sabes en dónde se esconden el dinero las mujeres mi Lau, yo soy policía pero, no alcanza, ya no nos dan un sueldo digno, qué poca madre, ¿no mi Lau?, y tú, ¿en qué trabajas?... Comenzamos una charla de café, ¿y por qué crees que yo no puedo pasar de la primera página? Fui dándoles consejos y recomendando libros.

Antes de que detenerse, el de enfrente dijo: acompáñala cabrón, mi Lau es buena onda, dale lana para que vuelva. El siete veces macho me tomó del hombro y me habló de Dios mientras caminamos: no llores ni corras, no grites o te matamos. Eres buena mujer mi Lau, te ves fuerte, saldrás adelante, toma, que Dios te bendiga. Minutos más tarde estiré la mano, sentí un billete, paré un taxi sobre Patriotismo para llegar a mi destino.

Ayer, 2012. Razón 3. Para alcanzar al ladrón no necesitas músculo sino agallas. René es un hombre de paz, buen caminante y pésimo bailarín de cumbia. Conocerlo en Buenos Aires en tiempos de estudio fue un privilegio, desde entonces nos llamamos hermanos, de ahí que me sorprendiera verlo levantarse segundos después de que un tipo pasara sobre nuestra mesa en el café de siempre y tomara mis cosas para echarse a correr.

Él, que suele hablar pausado, no causa conflictos y fuma de vez en cuando algún cigarro, se transformó en un volador tremendo que corría por las calles saltando entre la gente, gritando en una voz que jamás le había escuchado: “¡Detengan al ladrón!, ¡agárrenlo!...”, los cuatro en una carrera: René tras el hombre que llevaba mis cosas, yo corriendo tras él, el mesero del café con su bicicleta tras de mí y los comensales de los restaurantes, los automovilistas apretados en el tráfico de viernes y los patrulleros en su auto supersónico, mirando.

Al seguirlo escuchaba sus gritos, fui pasando del susto al enojo y pensaba: ¡Increíble, René grita como energúmeno!... Oh, ¡me robaron mis cosas!.. ¡René le ganará, es más delgado!... ¡Uy!, pero… ¿y si alcanza al ladrón?, ¿y si le pone un balazo?, ¿y si lo golpean?... ¡Señor!, ¿no vio pasar a un hombre de cabello largo y alto gritando?... ¡Carajo!, ¿cómo no lo alcanzo, si René fuma y yo hago ejercicio? ¡Agarren al ladrón, auxilio!... Unos señalaban a la izquierda sobre Lerma, otros a la derecha sobre Pánuco, yo quedé detenida justo al medio de la calle preocupada por mi amigo y su osadía que ningún otro hombre acompañó.

Decenas de personas mirando, nadie metió el pié al ladrón o se puso al frente para interrumpir su paso. Comenzó a latirme el corazón, más de tres minutos y René no aparecía. Le vi de pronto doblar la esquina, encolerizado, ¿qué le pasa a estos mexicanos?, ¿por qué nadie ayuda?, dijo.

Los últimos tijeretazos, la mujer de la encuesta sonríe o por el mínimo cabello que me queda o porque finalmente respondí la 20, ¿qué clase de mujer se considera?... A, B o… Ninguna, dije, ponga Otra. Nos despedimos, mientras pago, en la televisión se oye: esta es la ciudad más segura de México, cuidaremos igual a todo el país, yo lo sé, tengo la experiencia… Caray, usted sí que va directa y al grano, dice la encuestadora, terminamos, gracias, pero me voy con la sensación de que no usa fragancias.

Laura Athié*, Tejedora de historias
laathie@gmail.com /Twitter @lauraathie
www.tejedoradehistorias.com

* Mexicana, madre de Abril y especialista en difusión de políticas públicas. Maestra en Política Educativa por el IIPE UNESCO París, comunicóloga por la Universidad Autónoma de Baja California, ciclista convencida, amiga, viajera y palabrera sin más remedio.