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“Se trata de leer y pensar, pendejo”

No hay libro tan malo del que no se pueda aprender algo bueno.
Plinio el Joven"

“No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto igual a todos los demás, una función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función para lo que te decidieras, la obtengas y la conserves según tu deseo y designio. La naturaleza de los otros seres, se halla limitada por las leyes que yo he dictado”.

“En cambio tu naturaleza, tú mismo la determinas, sin barrera alguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo, con el fin de que pudieras observar desde allí, todo lo que existe. No te hice celestial ni terrenal, con el fin de que, - casi libre y soberano, artífice de ti mismo- te plasmaras y te esculpieras en la formas que tú mismo hayas elegido”

“Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás -de acuerdo con la decisión de tu voluntad-, regenerarte hacia las cosas superiores y ser parte de la divinidad!”. Escrito de Pico Della Mirandola, Oratio de Hominis Dignitate.

Este texto -que en lo particular me gusta mucho-, incluido en el libro del psicólogo y sociólogo alemán Erich From, que se llama “Miedo a la Libertad”, es uno de los títulos que pretendemos incluir en el programa de fomento a la lectura en coordinación con la Iniciativa Privada y Gobierno en la Ciudad de México denominado “Taxi Libro”.

La intención es aprovechar el flujo de miles de personas y la gran cantidad de horas que pasan los ciudadanos en largos trayectos en taxi de un punto a otro de la ciudad.

Al subirse a la unidad prácticamente se le pone enfrente una pequeña estructura que es instalada en la parte posterior del asiento del copiloto, con diversos títulos de libros que puede disfrutar sin ningún costo y no solo hacer más placentero el viaje y las espera, sino además que el usuario al bajar del vehículo, se lleve algo que los inspire, lo invite a la reflexión y principalmente lo motive a seguir leyendo.

Una actividad que es sólo un grano de arena a muchas acciones que se llevan a cabo para el fomento a la lectura. En lo particular me ha tocado conocer programas de las áreas de cultura de distintos órdenes de gobierno, como lo son las “Bibliotecas Móviles”, unidades que se estacionan en varios puntos de la ciudad, “Libro Puertos” en donde acercan una serie de lecturas en las instalaciones de sistema de transporte público como el “Metro”.

“Termínalo y Rólalo” libros pagados por algunas empresas y distribuidos entre sus trabajadores, que al concluirlos los prestan a otro compañero y entregan un reporte al área de Recursos Humanos, el cual servirá como un aspecto más de su evaluación interna y gratificación anual.

Hace unos meses pude presenciar junto con el Secretario de Educación, un ejercicio masivo de lectura impulsado por el Gobierno del Distrito Federal y el Consejo de Comunicación, llamado “México a Leer”. El evento se llevó a cabo en la explanada del monumento a la Revolución, en donde instalaron un escenario, con audio y pantallas como si se tratara de un gran concierto.

En el escenario, se encontraban autoridades, así como artistas de TV Azteca y Televisa, -que si bien no son buenos ejemplos- de cualquier tema cultural, fueron el aspecto que llamó a una importante cantidad de gente y fue crucial para tener ese éxito en la convocatoria, calculada en más de 10 mil personas, pues también estaban integrantes de algunos grupos musicales, como el vocalista de “Malidita Vecindad”.

Curiosamente me tocó estar a un lado de los integrantes de Belanova, cuando uno de ellos preguntó: “¿de dónde es Gabriel García Marquez?”.

Cada uno de los artistas daba lectura a pequeños fragmentos de grandes autores como Octavio Paz y Jaime Sabines, textos que los asistentes tenían en panfletos fotocopiados y leían al unísono, al terminar aplaudían más por ver al artista que por el significado de la lectura, pero es un excelente ejercicio en el que participaron también niños; se recordó a Mario Vargas Llosa cuando recibió el Premio Nobel y destacó la importancia de la lectura en su vida, entre otras cosas, citaron del escritor:

"Que los fabuladores, y escritores al inventar historias, tengan la satisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, y que con sus letras conviertan ciudadanos más difíciles de convencer, de manipular, de aceptar las mentiras de quienes nos quieren hacer creer, que a través de carceleros y policías, vivimos más seguros y mejor”.

Al término del evento los asistentes pasaron a seis distintas carpas instaladas en las orillas de la explanada en donde varios escritores presidieron mesas de reflexión, platicando cómo iniciaron en este oficio y sobre sus obras, leyendo algunos párrafos y debatiendo con los asistentes, formidable actividad en donde la gente se involucró al cien por ciento.

Por lo pronto seguimos con el proyecto del “Taxi Libro”, en donde ya se firmaron los convenios con las empresas que tienen la certificación de “Taxi Seguro”, con rutas específicas y quienes están en la mejor disposición de participar. además afinando detalles con las autoridades para la colaboración de algunas casas editoriales en el marco de un esfuerzo conjunto.

Hubo solo un representante de una dependencia gubernamental enfocada a la cultura, que no le gustó el proyecto, con arrogancia y diciendo sin dar ninguna referencia, que eso ya existía, mostrando gran renuencia a que hubieran más programas de fomento de la lectura de los que ya tienen, como si estuviera satisfecho con el hábito de la lectura en nuestra País.

Este mismo funcionario después de leer el listado de títulos que deseamos incluir en el programa, como “La Rebelión de las Masas” de José Ortega y Gasset, nos dijo: “Ya la verdad cuál es su interés en esto?, ¿qué es lo que buscan?”, a lo que mi compañero en este proyecto le contestó: “Pues se trata de que la gente lea y piense, pendejo!” .

A lo que increíblemente mesurado, el funcionario contestó que revisaría el tema y nos avisaría, pesar de ser un programa ya armado en el que no le invertiría un peso.

Al término de la reunión, salí de su oficina apenado y con la ligera sospecha que ya no nos volveríamos a reunir, por la forma en que contesto mi amigo ahí presente, quien después me comentó que era conocido desde la universidad, le tenía confianza y por eso se había permitido decirle la “neta”.

Ya sabemos las cifras que ocupamos, los últimos lugares en lectura de la OCDE, 2.8 libros al año por persona en promedio, que las librerías son un negocio en extinción, en donde el 40 por ciento de los mexicanos nunca ha entrado a una y existe solo una biblioteca pública por cada doscientos mil habitantes-según la Unesco-, que la clase ilustrada es mas bruta que la que iletrada –según yo-, que además no se ve un cambio en esta generación, pues de acuerdo al Instituto de Evaluación Educativa, los niños de educación básica lo poco que leen no lo entienden, con los niveles de comprensión más bajos.

También sabemos que la lectura ayuda al desarrollo y perfeccionamiento del lenguaje, mejora la expresión oral y escrita, hace el lenguaje más fluido, mejora el vocabulario y la ortografía, facilita la expresión y creación del pensamiento propio, imaginativo y crítico.

Soy optimista en que vamos a crecer y mejorar al grado de ser una potencia mundial en muchos aspectos, sin embargo en el tema de la lectura, me quedo con uno de esos comentarios que fluyen al quinto tequila y cerveza, que me dijeron después de la reunión con el funcionario de la dependencia de Cultura:

“La verdad, es que el habito de la lectura, no se da por decreto en una escuela o en un programa gubernamental, se da en la casa…y hasta que no se logre eso en cada familia, difícilmente vamos a tener mejores gobiernos y maestros”.