Run Forrest run
Como aquel personaje de Forrest Gump en la película del mismo nombre que cuando descubre que puede correr lo hace intensamente y sin descanso, en la comunicación a veces corremos de la misma forma sin saber exactamente a dónde vamos o en qué momento terminar.
Nos emociona tanto una idea, un proyecto o un reto que nos presionamos de tal manera que terminamos corriendo sin sentido, considerando esto una forma de trabajar y mostrar que vamos avanzando.
La energía y la motivación son elementos indispensables en cualquier esfuerzo comunicativo, pero lo importante es saber canalizarlos y administrarlos.
¿Cuántos proyectos hemos visto que nos resultan interesantes pero que no tienen definidos claramente las metas y objetivos?. Quizás más de los que recordamos.
La comunicación es un proceso humano y complejo, por tanto impredecible. Podemos poner todo nuestro esfuerzo en algo, pero si no sabemos a dónde vamos, será un esfuerzo inútil o poco productivo.
Si tomamos en cuenta que la comunicación ha pasado de ser un elemento más a convertirse en una herramienta estratégica para las organizaciones, es necesario dedicar un tiempo a clarificar los objetivos.
En nuestra vida diaria, por poner un ejemplo, cuando andamos de un lado para otro, corriendo, estresados y agobiados por tantos pendientes, se nos olvida que podemos hacer un alto y pensar qué vamos a lograr exactamente con las tareas que estamos realizando.
Esa reflexión que regularmente no lleva tanto tiempo, se omite al considerar que esos minutos tienen que ser utilizados para seguir haciendo las cosas, seguir corriendo, esforzándonos, para al final del día terminar más cansados de lo que esperábamos.
Planificar la comunicación, al igual que en una rutina de ejercicios requiere de calentamiento previo, iniciar con un trote moderado, acelerar el paso, disminuirlo, tomar aire, acelerar de nuevo, relajarnos al final del camino o de ser necesario cerrar con un sprint.
En ocasiones, podemos sentir que somos rebasados por el ímpetu de la organización o los superiores, pero está en nosotros plantear adecuadamente las etapas del proceso de comunicación. En la medida en que estas se plasmen en un proyecto, nos toca además hacer que se respeten.
Las campañas de publicidad exitosas regularmente siguen varias etapas. La mayor parte del tiempo tenemos conocimiento de ellas hasta muy avanzadas, ya con productos comunicativos específicos que llegaron al público meta.
Suele suceder que nos desesperamos y tratamos de presionar o cambiar durante la marcha los conceptos iniciales, un error común y sencillo que lo único que logra es que sigamos corriendo por alcanzar el objetivo, pero por otro rumbo del que tomamos inicialmente.
Expertos coinciden en que una estrategia publicitaria consiste en identificar tres factores fundamentales: El beneficio del producto, es decir qué es lo que ese producto o esa persona le va a proporcionar al público objetivo en función de lo que ese público espera; La razón por la que el consumidor va a creer en el beneficio que ofrece ese producto o esa persona y el tono y carácter del mensaje publicitario.
Mención aparte merece el mensaje publicitario, donde son necesarios 3 pasos fundamentales como son tomar en cuenta las necesidades sociales, identificar claramente al público objetivo y colocar el mensaje en los medios idóneos.
Sea una campaña política, una estrategia de venta o una promoción, seguir los pasos establecidos al ritmo propuesto sin desgastarnos es fundamental para conseguir buenos resultados.
Correr puede ser benéfico, pero en comunicación conviene controlar bien la respiración y nuestros pasos para llegar a donde nos propusimos.





