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No te oigo… traes tenis… (en memoria de Alfredo García)

A un año de distancia, recuerdo que estaba desayunando, cuando recibí un llamada de un buen amigo y periodista de Baja California, con quien mantengo una excelente comunicación a pesar de mi cambio de residencia a la Cuidad de México.

No alcancé a contestar, estaba a punto de marcarle cuando recibí su mensaje de texto.

Quien manejaba diversas fuentes para Grupo Imagen, La Jornada y otros medios, me escribía: “Ayúdame a confirmar la información, me comentan que el helicóptero en donde viajaba el Secretario de Gobernación, sufrió un accidente”.

Lo primero que se me ocurrió fue contestarle que validaría el tema con Alfredo García, quien se desempeñaba como titular de comunicación de esta dependencia Federal, ante mi duda de que fuera algo real, solo le envié un mensaje: “Alfred, está el chisme de que le pasó algo a Blake”.

Pasaron quince minutos… no hubo respuesta… me vuelve a marcar el periodista, en esta ocasión le contesto para comentarle: “Yo creo que no es cierto, Alfredo García me contesta siempre rápido y para un tema así, ya me hubiera comentado algo”, a lo que me replicó, “discúlpame que te lo diga así, pero García también iba en el helicóptero”.

No lo creí, solo colgué y seguro que se trataba de un rumor, me acerqué a un monitor en donde transmitían un corte informativo y ahí estaban las imágenes del accidente aéreo, a lo que secundó un listado de las personas fallecidas en donde claramente estaban los nombres Francisco Blake Mora y Alfredo García Medina junto con otras cinco personas.

En ese momento no dejaba de sonar mi teléfono, ya no podía contestar….

A Alfredo Garcia, tuve la fortuna de conocerlo cuando laboraba en la Dirección de Comunicación Social del Gobierno del Estado, llegaba a estas oficinas a entregar sus boletines de la Secretaría de Seguridad Pública de Baja California y se caracterizaba por saludar siempre sonriente y a todos de mano.

Lo anterior fue durante la gestión del respetable Gobernador llamado el caballero de la política Don Héctor Terán Terán, quien al fallecer de un infarto a la mitad de su administración el 4 de octubre 1998, fue sustituido por Alejandro González Alcocer, situación que le dio una excelente oportunidad a Alfredo Garcia en la misma Dirección de Comunicación, y fue así como trabajamos juntos y se consolidó una buena amistad.

Con experiencia en el medio periodístico y particularmente en uno de los semanarios más respetados en esa región como lo es El Zeta de Tijuana, inició en el área gubernamental una verdadera estrategia en comunicación, lo fuerte de el plan de trabajo no era reaccionar, atender emergencias, sino anticiparse, ir un paso adelante, siempre el tema era saber la nota de ocho columnas del día siguiente.

Pasó el tiempo y nos identificaban en muchos lugares por la excelente amistad entre cuarto personas “Los Alfredos”, Alfredo Jiménez, que trabajaba como Secretario Particular, Alfredo Acosta, Alfredo García y Alfredo Vega. En poco tiempo cada uno fuimos compadres.

Siempre presentes en todas las reuniones, de política de negocios, de trabajo, estábamos conectados, ya sabíamos lo que iba a decir uno u el otro, cuál era el plan y aunque termináramos hasta altas horas de la noche concluyendo con unas cervezas, estábamos ahí al día siguiente cumpliendo en cualquier compromiso por muy temprano que fuera.

Pronto fue conocido por sus clásicas frases, como aquellas cuando alguien en una reunión estaba callado y no participaba le decía “no te oigo…traes tenis…” o cuando algo estaba en su punto decía “como le gusta al Indio!” o también en el momento que recibía una invitación por lo regular a un convivio, por muy tarde que fuera o cansado que estuviera, contestaba con una sonrisa en aparente acto de humildad: “quién soy yo para decir que no…”.

Posteriormente, cada quien tomo su rumbo; yo entré a la iniciativa privada y Alfredo García se fue a la Dirección General de Comunicación Social de Presidencia de la República en la capital del país. Casualmente unos años después por parte de la empresa para la que laboro me ofrecen un nuevo proyecto que implicaba vivir en la Ciudad de México.

A una de las pocas personas que consulté cuando me hicieron el ofrecimiento fue a Garcia, que al preguntarle si me convenía aceptar el cambio al Distrito Federal, lo primero que dijo fue, “A huevo, aquí son grandes ligas y se toman las decisiones políticas y empresariales yo te invité y no quisiste…ahora es cuando!”.

Nuestras familias ya se conocían además que inmediatamente me extendió una serie de invitaciones a reuniones con gente de primer nivel del gobierno federal, Siempre me presentaba como de sus mejores amigos, se refería a mí como su hermano y sus compañeros de trabajo hacían referencia de que frecuentemente se acordaba de experiencias y anécdotas de su amigo de Baja California.

Nunca me hubiera podido imaginar que tan solo unos meses después de vivir en esta gran Ciudad, estaría sentado en el Campo Militar entre políticos y familiares, viendo en medio de un gigantesco jardín, una gran foto de él, a un costado de un arreglo floral y su ataúd, en fila del féretro otro buen amigo, el Secretario de Gobernación Francisco Blacke, así como el subsecretario de Asuntos Jurídicos, Felipe Zamora; la secretaria técnica de la oficina de Blake, Diana Sánchez; el teniente Mayor René de León, los tenientes de la Fuerza Aérea Felipe Cortés y Pedro Ramón Escobar, así como el sargento Jorge Luis Juárez Gómez, que en paz descansen.

Retumbaban los tambores de la banda de guerra de la Secretaria de la Defensa Nacional, con la marcha fúnebre, el Himno Nacional y varios redobles a manera de homenaje. En una tarde gris, era inevitable el nudo en la garganta cuando el Presidente de la República, después de llevar a cabo la guardia de honor, se acercó con los familiares de los fallecidos para entregar la fotografía y la Bandera Nacional, las esposas con admirable entereza y temple lo saludaban, los hijos de Blake y Garcia tan solo unos niños, acariciaban las fotografías.

Terminó la ceremonia que se llevó a cabo un sábado; el lunes, los noticieros ya no comentaban el tema, la nota más importante en ese entonces, eran las elecciones en Michoacán. Las familias de aquellos funcionarios que ocupaban puestos de gran relevancia e influencia y además grandes expectativas en el futuro, tenían ahora, repentinamente, un escenario distinto. Queda en el aire, la duda, si el sacrificio de pasar poco tiempo en familia por cumplir con la labor que les habían encomendado, había valido la pena.

Sus hijos, pueden estar seguros y orgullosos que sus padres fueron funcionarios como pocos, honestos, entregados, profesionales, estrategas, siempre de arduo trabajo, entrones y sin protagonismos. Siempre privilegiando el valor de la palabra y haciendo su mejor esfuerzo por dignificar la política en un medio cada vez más difícil.

A un año de esto, salgo de la iglesia al terminar la misa del primer aniversario luctuoso… sin mucha gente, pero simplemente está la que debe de estar…. después de saludar a su esposa y sus dos hijos, uno de ellos me entregó un pulsera de recuerdo con la fecha en la que pasó esta tragedia 11.11.11, lo que me recuerda que mi padre también fallecido, cumpliría años este día, 11 de noviembre (11)… y coincide con mi día de cumpleaños el día 11 aunque de otro mes.

Dejando de divagar con los números, sigo caminando y me retiro del lugar con varias cosas en la mente, recordando las palabras del Padre que ofició la Misa, dirigiendo la vista a los niños les dijo, “Llega el momento en el que nuestros padres se van para no regresar…. pero su amor… es el que perdura con nosotros para toda la eternidad”.

Experiencias que nos recuerdan la importancia de valorar y disfrutar al máximo lo que tenemos cada día, de lograr ese difícil equilibrio en el tiempo que dedicamos al trabajo así como a disfrutar la familia y cuidar esas cosas que son gratis y que son las que realmente valen la pena, como la salud, el amor, la amistad, la verdad, la esperanza.

A fin de cuentas, no tenemos ninguna garantía de que al día siguiente podamos contar con ellas, incluyendo a los grandes amigos, como es el caso de Alfredo Garcia Medina, a quien desde aquí hermano te mando un fuerte abrazo.