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La misteriosa (y ladrona) Señorita S o el Secreto No. 2 de Laura para escribir

Laura Athié*, Tejedora de historias
laathie@gmail.com /Twitter @lauraathie
www.tejedoradehistorias.com

La “Misteriosa Señorita S” es intolerable, peligrosa. Hay que tener cuidado cuando te la encuentres.

Aparenta ser inofensiva, gracias a la sonrisa de media sandía que muestra orgullosa, a pesar de que se le vean las caries. Cuando te saluda, uno puede notar que le falta una muela. Dicen que por eso no encuentra un amor.

Enfundada en su trajecillo sastre gris o su pantalón de licra negro, pasa por ahí caminando como si observara los cielos o pedaleando en su bicicleta por entre los caminantes. Uno creería que puede atropellarte porque no pone atención, parece que flotara y se le oye hablar en voz alta sola. Muchos la han pensado loca.

El otro día escuché que se cambió el nombre. ¿Sonia, Sabrina, Sebastiana?... ¿Quién se nombraría “Señorita S”?... La verdad, según cuentan las lenguas argüenderas, es que ni es señorita ni su nombre empieza con S. El nombre con el que la bautizaron, si es que recibió los santos oleos, inicia con la letra 12 del abecedario.

Yo la vi pasar hace tres días. Iba caminando por la acera izquierda de avenida Reforma a la altura del Museo de Antropología. La divisé a lo lejos cuando salía del Metro Auditorio y ella, arrollándome como suele hacerlo cuando va ensimismada y hablando sola, se detuvo frente a mí y dijo: lo siento, es que estaba pensando, poniendo su bota sobre mi huarache de piel, justo en el dedo en donde tengo un callo.

Entonces algo sucedió y en lugar de insultarla observé sus ojos, redondos como dos lunas, profundos como la negrura de sus sueños, porque dicen que la Señorita S no duerme bien a causa de los miedos a los espíritus y demonios. Es increíble que escriba sobre el sol, las risas, el agua, si recostada, según me cuentan, en las noches, dobla las rodillas como cuando era una niña para que no le vayan a jalar los pies.

- Perdón, disculpe, lo siento, me repitió, pero yo me quedé prendado de sus ojos e irremediablemente tuve que seguirla, aunque me seguía doliendo el callo. Es extraña, si no te cuidas hipnotiza.

Usa unos tacones de goma negros como las plataformas plásticas sobre las que sostienen los segundos puentes y mueve las caderas al caminar como si estuviera bailado salsa. Es difícil seguirla por que se detiene así, como de la nada y mira un árbol y habla con las nubes y sigue. De pronto se para nuevamente y gira porque se sabe perseguida, pero no deja de mover los labios porque parece que en lugar de cantar fuera narrando, alguna historia, una frase, ¿qué se yo?, ¡cosas de locos!

Dicen que está tan rematadamente perdida en algún imaginario mundo que escribe con los labios mientras se roba las ideas de la gente. Yo por si las dudas traigo gorro.

Con su permiso, me dijo, y me esquivó. Hasta el dolor del pisotón que me dio mientras me pedía disculpas olvidé, por estar mirado sus pestañas. Y es que sucede que cuando uno habla con la Señorita S, ella empieza a decir palabras una tras otra y mueve las pestañas como si fuera un oleaje de mar azabache que no descansa y habla soltando una P y una R y luego, fija la mirada hasta el fondo de uno, guarda silencio y te roba el alma. Por eso le sigo y la espero a que pase todas las tardes cuando sale del trabajo rumbo a su casa, pero la pierdo, porque se entretiene con todo. Saca el celular, toma una foto de la sombra de su rodilla, del diente de un anciano que va pasando, de la llanta de aquel autobús, de su mano con una hoja seca al centro de la palma.

Vaya usted a saber por qué, ¿a quién le interesan las hojas marchitas, los autos que se arremolinan unos contra otros, las muecas de la gente que pasa a toda prisa?, a nadie más que a la Misteriosa Señorita S.

Lo mejor es cuando se sienta y eso no sucede siempre. Cruza la pierna, saca de su bolso un cuaderno que jamás es el mismo, con la pluma escribe como si alguien la estuviera persiguiendo, a veces una frase en un minuto, otras no escribe nada, sólo levanta el rostro como pensando que no vale la pena, guarda todo y continúa su paso como en carrera de maratón.

¿Por qué tendrá prisa la Señorita S? Es que su prisa es distinta a la de los otros, corre como si apurara el tiempo para no olvidar, ¿qué trata de recordar la Señorita S?

¿Qué tanto escribe en la libreta que guarda en su bolso colombiano?, ¿qué tanto irá diciendo en el camino?, ¿cuál será el motivo por el que va contándose a sí misma una historia?... ¡Qué egoísta!, ¿por qué no me la cuenta?

¡Yo la odio a esa Señorita S!, ¿por qué no se para y me lo dice todo?

Lo que sí sé es que es una ladrona, consumada, de cuidado, misteriosa como la S de su nombre. Puedo asegurarlo porque tengo un papel aquí conmigo, que en su descuido por estar oyendo los pasos de la gente que corre al metro, la canción que salía de entre los vidrios de un auto amontonado con el trolebús, distraída como buena lunática olvidó, seguramente a propósito para que yo leyera, una hoja blanca llena de garabatos en la banca que está justo frente a Chapultepec.

“Cabe en un ovillo de aguja de tan diminuta –decía el papel-- pequeña como su vientre que jamás tuvo hijos, es una hembra misteriosa”, y luego un guion, y luego la palabra recuerdo, “Silvia”.

Y en la hoja se leía además: “Estoy harta de ti, jamás me llamas”, le dijo la chica de rojo a su novio con cara de simio.

“Todo fue así, todo fue por ella. Yo la quería yo la adoraba, pero tenía que aborrecerla”, Polo Montañéz, Cumbia.

¡Por eso iba bailando el otro día!, por eso se detiene a observar a la gente y anota y habla, ¡por eso mira a todos como si cada rostro fuera nuevo!

¡Cómo si en esta ciudad no estuviera ya todo visto hasta el cansancio! ¿Qué novedad va a haber?, si todos estamos hartos los unos de los otros.

Pero lo peor fue cuando al final de la hoja de la Señorita S, leí su total desvergüenza:

- Conversación uno de la pareja.
- Conversación dos, sirve para hacer un texto.
- Mañana, escribir sobre el hombre que me viene siguiendo.

¡Lo sabía!, ¡esa señorita es una falsa!, se roba las conversaciones de los otros, escucha de más, anota hasta el canto de los pájaros, el sonido de la lluvia, nada le pertenece, de todo se apropia. ¡Ladrona sin remedio!

“En todos los casos, mis interlocutores, es decir, quienes van a leerme, son siempre públicos distintos. Jamás olvides eso cuando escribas un texto”, decía en el papel olvidado.

Señor, usted, leí al final --¡La odio, ella lo sabe todo!-- a mí no me gusta que me sigan, tengo miedo, en esta hoja encontrará mis secretos para que se entretenga. Olvídese de mí y escriba su propia historia.
Búsquese una vida, vaya y encuentre sus propios sonidos y disculpe de nuevo por el pisotón.

Atentamente

Sabelina
(La Misteriosa Señorita S)

Dónde encontrar ideas para escribir y cómo armar historias según nos dice la Señorita S:

• Siempre lleva una libreta donde apuntar y una pluma. Parece increíble pero muchas cosas nos sirven de pretexto para empezar a escribir: una canción, la película que acabas de ver, aquel letrero, una llamada telefónica. Cuando te vuelves receptivo y descubres que escribir es otra manera tuya de comunicarte con el mundo, se te acabarán las hojas de papel muy pronto.

• Toma fotografías. Si acostumbras usar celular o tienes cámara digital a la mano, retrata lo que te guste e inventa una historia: el pájaro, la piedra, esas nubes, los manifestantes, tu madre, todo lo que te llame la atención. La fotografía es otra forma de contra historias, verás como de inmediato, a partir de la imagen, comienzas a amar textos que tengan significado para ti.

• Cuenta secretos. Recuerda que la escritura tiene muchas formar de dar sentido a tu vida: para comunicar a otros lo que piensas, explicar algún mensaje, contar lo que te ha sucedido o escribir eso que te duele, puedes tener un diario personal sólo para tu lectura. Úsalo, escribe lo que se te ocurra, lo que forma parte de ti y que no quieres decir a nadie más. La escritura puede ser liberadora, como yo, que he dejado de gritar para poner mis sentimientos en papel.

• Escucha muy atentamente. No es que debas meterte en las conversaciones de los otros, sólo se trata de poner atención cuando vas en el metro o en el camión, caminas, si una pareja frente a ti discute, alguien va hablando por celular, están regañando a aquel niño, si el policía detuvo a un automovilista o artista está dando una entrevista en la radio. Escucha bien, cualquier frase puede servir para armar un diálogo y luego una historia, si ha despertado alguna idea en ti.

• Lee con desesperación. Un cómic, el periódico, algún folleto, el cartel, el pizarrón de la escuela, tu cuaderno, el libro que te encargaron o la novela que tenías ganas de comprar. Ve leyendo la vida que esta a tu alrededor: los anuncios espectaculares, las cartulinas pegadas entre los salones, las mochilas, las playeras, una revista, trata de abrirte a otros escritos, hay miles de formas de comunicar, mientras más expresiones escritas encuentres, aprenderás a comunicarte más y mejor.

Empieza a comunicarte por escrito. Es decir, has ejercicios: en lugar de hablar tanto por teléfono manda un mensaje, postea algo en tu muro, envía un tweet pero con textos tuyos, auténticos, no copies. Por ejemplo, piensa una historia y ahora, cuéntala en diferentes formas (como lo hicimos en la entrega pasada: De cuándo me encontré a Soda Stereo y perdí el miedo o El Secreto No. 1 de Laura para escribir). Escribe cartas en lugar de correos electrónicos y pide que respondan, verás que puedes transmitir una idea en varias modalidades y generar respuestas de los otros que te ayudan a saber si tu mensaje se ha entendido.

Yo odio, ¡odio a la Señorita S!

Mira que dejarme aquí, sobre la banca, un papel lleno de garabatos y decirme que ya no la siga y que escriba mi propia historia mientras ella va por la calle regalando palabras como si le pertenecieran.

* La “Misteriosa Señorita S” fue bautizada como Laura y en su acta de nacimiento se lee además Isabel, pero su padre –y ese es un secreto—suele llamarle Sabelina desde muy pequeña y efectivamente extravió una muela. Es mexicana, madre de Abril y especialista en difusión de políticas públicas. Maestra en Política Educativa por el IIPE UNESCO París, comunicóloga por la Universidad Autónoma de Baja California, ciclista convencida, amiga y palabrera. Cuando va caminando habla sola, a veces en voz alta, a veces susurra, según vaya construyendo su historia. Uno de sus ejercicios para no olvidar. Es consultora en un organismo internacional y tiene un proyecto de rescate de historias de vida a través de la escritura llamado Tejedora de Historias: www.tejedoradehistorias.com / laathie@gmail.com/ Twitter @lauraathie.