La fortaleza y energía de la mujer en el mundo
Hace más de 6 años, mientras visitaba Puerto Vallarta me llamó la atención un documental en la televisión. El documental hacía referencia a los Mayas y los acontecimientos en el mundo actual. Una de las partes fundamentales del video mencionaba que la figura femenina tomaría fuerza al despertar y reclamar su lugar en la tierra en el 2012.
El documental, mencionaban que al comenzar de la nueva era, la participación de la mujer en el mundo sería de vital importancia para resolver conflictos con una perspectiva más sensible y compasiva.
Desde ese entonces, he visto que la figura femenina ha resurgido y está formando parte tanto del ámbito profesional como del espiritual. Hay grupos de mujeres en todo el mundo tratando de consolidar nuestra energía femenina con el único propósito de contribuir moldeando un mundo más consciente, compasivo y tolerante.
Leí un libro que se titula “Reúne a las mujeres, salva el planeta”. La autora, Jean Shinoda Bolen nos hace una invitación para unir nuestra energía femenina participando activamente en reuniones para intercambiar opiniones y buscar soluciones a los conflictos en el mundo.
El libro es un llamado a despertar en nosotras a la mujer activista, feminista, profesionista a la madre, a la mujer espiritual. Es un llamado a honrar nuestra Diosa… porque hay una Diosa.
De acuerdo al cristianismo hemos sido hechos a imagen y semejanza de un Dios masculino. No entiendo porque nos hemos sometido y limitado a alabar a un Dios masculino. Basta con voltear a todas partes y ver que Dios no solo creó hombres sino mujeres, lo cual significa que existe una Diosa de la cual fuimos creados a semejanza.
Necesitamos honrar a la deidad femenina de la misma manera que se honra el Dios masculino para encontrar ese balance que le hace falta a nuestra humanidad.
No podemos seguir refiriéndonos a la mujer como “el sexo débil”, especialmente cuando la mujer es quien en su vientre crea la vida de cada ser humano que vive en la tierra.
Es la Fortaleza de María como madre de Jesús, quien representa en la religión católica a las madres dedicadas y entregadas a la crianza de los hijos.
Fue la resistencia de Juana de Arco, lo que la llevó a combatir batallas en la Armada Francesa. Condenada y ejecutada por la inquisición pasó de heroína a mártir. De igual forma hemos visto que la valentía de Rigoberta Menchú al denunciar los crímenes cometidos en las comunidades indígenas de Guatemala, la llevaron a obtener el premio Nobel de la Paz .
Cuando en 1955 Rosa Park se negó a ceder su asiento en un autobús público en Alabama, contribuyó a poner fin a la segregación racial que existía en Estados Unidos.
La Primera Ministra de la India, Indira Gandhi, nos mostró su fortaleza al tratar de eliminar el sistema de castas y dar a su país una mejor educación.
María Montessori la primera mujer en Italia con un título de Doctora, nos enseñó que no solo había encontrado un método de educación, sino la verdadera naturaleza de un niño y sus inmensos poderes.
Observar e interactuar con los niños en un ambiente libre de ideas preconcebidas, ayudó a María Montessori a crear el método de educación “Montessori”, reconocido en la actualidad en todo el mundo.
Y quien puede olvidar la figura tan diminuta pero tan llena de vitalidad de la Madre Teresa de Calcuta, quien se dedicó en cuerpo y alma a servir a los más necesitados en la sociedad.
La Madre Teresa nos enseñó que en su llamado a servir como religiosa ella pertenecía al mundo. Hoy en día la congregación “Misioneras de la Caridad” está al servicio de los más pobres entre los pobres en 133 países.
En la Mitología Griega se reconoce una deidad femenina. Se dice que en el hinduismo la figura sagrada femenina puede ocupar el centro de una oración y de una alabanza. En el Budismo Tibetano el logro más grande es convertirse en “la gran figura femenina” sin miedos, llena de compasión hacia todos los humanos.
Aún así en el cristianismo, judaísmo e islam, el monoteísmo de la religión ha minimizado la figura de la mujer como deidad.
Hace más de 10,000 años en la ciudad que hoy se conoce como Konya, en Turquía, se levantó una ciudad llamada Catalhoyuk. Por 5,000 años esta ciudad que emanaba paz se dedicó al arte y la religión honrando siempre a la deidad femenina.
No existía evidencia de guerra ni jerarquía, ni mucho menos opresión del sexo femenino. Las mujeres dominaban las actividades religiosas y eran representadas en un 94% en el arte. La figura femenina era llamada “La Gran Diosa”, la diosa de la mariposa representaba la transformación y renovación del ser humano como tal.
Catalhoyuk en Julio del 2012 fue nombrada por la UNESCO patrimonio de la humanidad por tener la más extensa y preservada ciudad del período prehistórico.
Mientras escuchaba el sermón de una sacerdotisa en el templo dedicado a la deidad femenina, reflexionaba sobre el cántico que hacía referencia a nuestra madre. “Todos venimos de una Diosa y todos regresaremos a ella, como una gota de lluvia cae sobre el mar. La tierra es nuestra madre debemos cuidar de ella como ella cuida de nosotros”.
Mujeres, debemos retomar nuestra fuerza. No la que nuestros líderes del sexo masculino llaman poder, la fuerza que radica en nuestro espíritu innato. Esa fuerza que nos ayuda a crear en lugar de destruir.
La herramienta que nuestros líderes masculinos han usado por siglos para controlar y para dividir, para conquistar y acumular no está ayudando a nuestro planeta a preservarse y sigue ocasionado guerras, destrucción y muerte.
Es nuestro trabajo como fecundadoras de la vida, el cosechar un mundo más compasivo, sensitivo, tolerante y equitativo. En este preciso momento hay mujeres que están decididas a usar su sabiduría y la de nuestros ancestros para lograrlo.
Hoy, la humanidad depende de las decisiones de nuestros líderes políticos. Decisiones que reflejan sus ambiciones, miedos e intereses tanto políticos como personales.
El tema de las armas, drogas y migración, nuestra salud y educación, están en manos de líderes que continúan promoviendo que la guerra es la solución a la paz.
La Fortaleza de la mujer no se puede ignorar ni minimizar.
Necesitamos aceptar las bondades y cualidades que tanto la mujer como el hombre tienen y pueden usar para impactar al mundo de una manera altruista, compasiva y generosa.
Mujeres, si no es hoy ¿Cuándo pensamos usar todo nuestro potencial como el ser humano que nacimos para ser?





