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La Cultura de la Legalidad

“…una política de legalidad es hoy la más radical de las revoluciones posibles, además de la primera de las revoluciones deseables…”
Paolo Flores D’Arcais.

Dicen los que saben, que la cultura de la Legalidad es el conjunto de creencias, valores, normas y acciones que promueven que la población crea en el Estado de derecho, lo defienda y no tolere la ilegalidad. En la escuela nos dijeron o lo debieron hacer, que el Estado de Derecho es aquel sistema en donde todos estamos gobernados por Leyes, que protegen a cada uno de nosotros sin distinción.

Conceptos claros y básicos. A todos afecta, a nadie le conviene que las leyes no se respeten; somos víctimas de la ineficiencia de los encargados de hacer las leyes, de quienes las aplican y de aquellos que viven de torcerlas y corromperlas.

Nos damos cuenta de manera directa, cuando alguien vive una experiencia relacionada desde un secuestro, un asalto, o hasta algo relativamente más simple como un trámite gubernamental o una multa de tránsito. Sin embargo somos más cómplices de esta corrupción de los que pensamos.

Al platicar con un alto funcionario de aduanas de la zona norte, comentaba que al llegar al cargo, cambió a una cantidad importante de agentes, quienes fueron sustituidos por personal joven, recientemente egresados de la academia y con los mejores promedios. Tristemente -dijo- en menos de noventa días, se nos corrompen. Coincidía con lo dicho en otra plática semanas antes con un Procurador Estatal.

No se si se mordieron la lengua, pero destacaban lo difícil que era ser titular de una dependencia gubernamental, con vicios enraizados y con una estructura operativa con malas costumbres de muchos años.

Sin embargo mencionan con preocupación que no se veía en ese cambio generacional, la posibilidad de que los jóvenes marcaran la pauta de hacer las cosas diferentes. Uno de estos comentó “hay capacitación, adiestramiento, pero falta el tema de los valores, que eso inicia desde la casa”.

Personalmente he conocido gente capaz, comprometida e inteligente que ha ocupado importantes cargos en la administración pública, que luego de un periodo relativamente corto de llegar al poder, tienen un red de contactos, proveedores, inspectores e intermediarios con quienes acuerdan porcentajes de ganancia de todo lo que gasta y compra el gobierno.

No cuesta trabajo encontrar grandes firmas de despachos contables que a la mayor parte de cartera de sus clientes, les ofrecen servicios para ejecutar esquemas para no pagar impuestos, saltar obligaciones y en el marco y acuerdo de las deficiencias de las autoridades encargadas de ello.

Empresarios que no pagan impuestos, representantes de medios de comunicación que amenazan a funcionarios con emprender una campaña de desprestigio, a menos que se firme un jugoso contrato de publicidad. Ciudadanos que no respetan los señalamientos en la vía pública, que permiten que no se respete la Ley.

Basta caminar por las calles de alguna ciudad, especialmente de la Ciudad de México, para observar enfrente de las dependencias gubernamentales, plazas y edificios públicos, como están plagados sus alrededores de comercio ambulante y piratería.

Ahí están, todos lo ven y ya son parte del paisaje.

Para que un puesto de esos opere, debe pagarle a alguien por espacio, que controla los demás lugares y que a su vez le paga a un funcionario de gobierno para que permanezcan en el lugar. Lo anterior sin mencionar todo el recorrido de corrupción de la mercancía ilegal que venden y compramos a bajo precio.

Generando con lo anterior, un impacto directo en la gente que quiere hacer las cosas bien, y vende sus productos en un local, pagando servicios, impuestos y genera empleos formales.

Todos los días la vemos, estamos en contacto y somos parte de la ilegalidad, a tal grado que es algo “normal”. No cabe duda que necesitamos un rediseño del Poder Judicial y Legislativo, sin embargo debemos empezar por nosotros mismos, de lo contrario seguiremos siendo víctimas de nuestra propia indiferencia.

Empecemos por denunciar actos de corrupción, no dar mordidas, regularizar nuestra documentación, respetar los señalamientos, cumplir con nuestras obligaciones fiscales, exigir a las escuelas que se le de la importancia que requiere a las materias de ética y civismo, que no sea una materia opcional, evitar mandar la señal a los jóvenes que el símbolo de éxito es tener muchas propiedades a costa de lo que sea.

A fin de cuentas la persona vale por lo que hace, no por lo que tiene y lo menos que podemos hacer, es empezar por nosotros mismos y crearnos este hábito y obligación de…cumplir con la Ley.