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Hace mucho un doctor me dijo

DICIEMBRE DE 2009. CRÓNICAS CONSANGUÍNEAS
"Hace mucho un doctor me dijo", Capítulo del libro "Calva y brillante como la luna... Diario de una loba contra el Lupus"

www.tejedoradehistorias.com / laathie@gmai.com / Twitter: @Lauraathie

Me habían dicho que no, pero ayer fue mi cumpleaños.

Hoy, antes de salir a la oficina corriendo, miré de reojo mis regalos y me dije: “Aunque sea sólo tres” y tomé varios. Son tantos obsequios que los elegí al azar. Alguien los fue colocando en “la mesa de regalos” en que se convirtió el mueble trinchador de mi futura sala, cuando los invitados de la caravana que se dirigiría a Sayavedra, en donde la fiesta se llevaría acabo, comenzaron a llegar el sábado.

Con ojos de alegría me puse los pendientes negros que me regaló Rocío, mi compañera de trabajo que me ha enseñado a ser ordenada, tan similares a los que hace días desaparecieran por la coladera como uno de los pocos fetiches que me hacían parecer persona seria en la oficina. Abrí la cajita y los vi. Una nota decía: “Qué Dios te bendiga jefa. Te quiero mucho”. Increíble querernos tanto si recién nos conocimos en mayo. A veces la vida nos recompensa.

Leí entonces la carta maravillosa de Carola, aquella subdirectora punk que conociera cuando recién volví de Baja California: “Tu camino es tan extraño y bello como una orquídea”, y miré con asombro la flor viva color violeta en maceta que me regaló don Alex, mi fantástico chofer y compañero de tráficos en Conaculta, recordando cómo nos despedimos al final de la fiesta: “Qué lástima que no volveremos a vernos licenciada”, me decía abrazándome mientras curiosamente llorábamos y su novia de un metro ochenta comentaba: “Increíble que usted sea tan pequeñita licenciada, y que Alejandro la quiera tanto”.

Melly , la nana-ángel de Abi con la que Dios ha bendecido mi casa, pasaba a mi lado con el grandioso ramo de flores que me dio el sábado temprano: “Lo voy a poner en la sala señora, porque en su cuarto ya no caben más flores”, me dijo. En el ramo —que debió costarle una semana de trabajo— había una tarjetita en la que escribió: “Para la señora más linda y hermosa, con mucho cariño. Gracias por ser como es usted. Feliz cumpleaños, de Melly”, me sorprendió tanto que inevitablemente se me llenaron los ojos de agua.

El último que abrí esta mañana fue un tiro de gracia. Era un libro dedicado:

Querida Laura...

Aquí en la montaña están tu mirada y tu risa. En este libro que te dedicamos con amor, está un cuento de otro amigo, Gerardo Rod, con quien también compartimos un poco de nuestra vida. Es para ti, porque tú eres el día cuando es de noche.
Diciembre de 2009. Irasema y Ariel. Ariel e Irasema

Todo comenzó el jueves con la llegada de mis hermanos cachanillas, que durmieron en el suelo, las camas, los sillones de la sala y los pasillos de mi departamento y de la casa de mi padre.

Le siguió un Último trago en la voz de Buika, en la Sala Netzahualcóyotl, que Rubén me dio como primer regalo de cumpleaños y que escuché cual si fuese exclusivo para mí, con la nueva pulsera roja de la suerte en la muñeca que María Elvira, la jefa de ojos verde aceituna que decidió contratarme cuando fui a su oficina despeidana, sin bañarme y con un solo calcetín, me trajo de la FIL GUADALAJARA.

Finalizó escuchando el “¡Carajo, Laurita!”, que exclamó mi padre cuando vio el desnudo fotográfico en blanco y negro caminando por una orilla de la carretera de La Rumorosa con sombrilla en mano, que me tomara como tarea universitaria a los 22 años de edad, en el video conmemorativo que me regaló Rick y que mi familia y amigos desconocían.

Todavía con el sabor de los chilaquiles domingueros, comía con el corazón estrujado el pastel de frutas que David me regaló, me sentía profundamente conmovida, no esperaba tanta gente, tanto amor y sobre todo, no estaba segura de llegar viva hasta hoy.

Contrario a lo que hago siempre, no tomé muchas fotos, mis amigos lo hicieron mientras yo bailaba y abrazaba y decía “gracias”.

Gracias inmensas con todo lo que tengo y soy. Jamás como ahora había dimensionado lo que uno va dejando al paso de la vida. Reunir en un mismo sitio a la gente que amo y que me ha dado tanto, me sorprendió desde que abrí el baile con mi padre en la pista que recientemente construyó “para tener fiestas con música en casa”. He tenido un día tan feliz, que no pude evitar llorar.

Hace mucho un doctor me dijo que no viviría hasta esta edad, y hoy bailo rock, tambora, cumbia con botas de tacón toda la noche y canto con el mariachi y mi familia hasta la madrugada.

"Laura Athié es orgullosa madre de Abril. Mexicana especialista en difusión de políticas educativas. Comunicóloga por la UABC y Maestra en Política Educativa por el IIPE-UNESCO-París. Ha sido articulista, periodista, fotógrafa, editora conductora, productora y guionista de televisión cultural, universitaria y comercial. En 2007 publicó: Robótica: los jóvenes que se atreven a hacerla en México (Ríos de Tinta) y en 2011 su primer libro como promotora de la cultura escrita, resultado del proyecto Tejedora de Historias: De cómo cocinaban las abuelas. Escribe gracias a las fantasías de su padre libanés. Tras 14 años como funcionaria estatal y federal en temas educativos y culturales, deja de escribir su historia para tejer la de los otros. Cree que toda vida merece ser contada y mantiene una lucha constante en favor de la memoria, por eso es la Tejedora. Este 20 de abril presenta en el Congreso Internacional de Lupus en Buenos Aires, su segundo libro: Calva y brillante como la luna"