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Aló, aló, aló... Seguimos en el camino

Aló, aló, aló... Seguimos en el camino (Segunda Temporada, Columna 1).

Hoy he decidido salir de mi guarida para seguir contando todo lo que me ha venido sucediendo en estos meses de ausencia entre una temporada y esta segunda.

Básicamente en todas las 10 columnas anteriores, relataba el proceso por el cual estoy pasando, la lucha contra el cáncer.

Todo iba normal. Yo pensé, la gente exagera cuando te dice de los tratamientos y sus efectos, a mi no me ha dado ni uno solo, pero pues por andar confiándome supe todo lo que te puede pasar en este proceso.

Llegaron poco a poco por mi condición de ser una paciente con defensas bajas. Una infección que pesqué del medio ambiente, este mismo aire que respiramos tú y yo, un aire que para mí era nocivo pues entró directo a los pulmones. Una prueba más que “el de arriba” seguro me puso para seguir aprendiendo la lección.

Todo esto retrasó mis quimios que hasta el momento llevo 6/9, yo recuerdo que iba muy bien, hasta un video les compartí donde les decía que me sentía realmente estable, pero no contaba con esto secundario que llegaría a convertirse en primordial.

Aquí empecé otra fase de tratamiento muy duro…

Yo pensé que ya había pasado por muchas cosas dentro de todo este proceso, pero UNA RECAIDA era algo que me faltaba por experimentar.

Les explico cómo es esto rápidamente, una quimio es cada 28 días, donde uno entra al hospital y dependiendo de tu tratamiento es el número de días que estas hospitalizada, luego vas a casa con o sin estragos de la quimioterapia, y en efecto, dos días después sólo me daban escalofríos, cuerpo cortado, dolor de cabeza, nada que un par de pastillas no pudiera quitar (recomendada por mi doctor).

En mi caso particular, la quimio había cambiado, era más “light”, dos días en el hospital y el resto en casa, sin embargo no contaba con que un día volvería a retroceder como si no le hubiera ganado al tiempo, ni al proceso, como si volviera a hacer UNA PAUSA EN MI VIDA, sólo que esta no sería igual a la anterior.

Un buen día, de nuevo mis problemas de respiración, mis bronquios se volvieron a cerrar, mi falta de aire, algo tan vital en nuestra vida volvía a faltarme. Ustedes saben, ya les he contado que primero aplico mis técnicas de respiración y cuando de plano ya no me funcionan es: “PAPA LLÉVAME AL HOSPITAL” y así sucedió, solo que esta vez mis defensas se habían bajado y era fácil contraer alguna infección.

Llegué con fiebre que duró 2 días y una serie de estudios y exámenes empezaron a venir, sacar sangre de la vena y arteria (Adrián eres lo máximo, saludos), las placas de tórax, tomografías, análisis de orina, de flema, ecografía, electrocardiograma. Todo salía normal solo faltaba ver de dónde venía esa infección y esa falta de aire que me mantenía aquí.

Para mí los días más difíciles de mi vida, fueron de sábado a miércoles, nunca había sentido lo que en ese momento, una falta de aire inimaginable, una sensación de que se te está yendo la vida en cada intento por tratar de meter aire a tu organismo, el sentir cómo te ahogas y que no puedas hacer nada.

Mi impotencia solo se manifestaba, mi desesperación hacia que quisiera llorar y lo hacía, pero imposible, se me cerraba más mi nariz, mis bronquios qué sé yo.

Aquí la cuestión era mantener la calma pero cómo hacerlo, yo rezaba, suplicaba, imploraba, mi fe se desvanecía. Pero nunca, nunca, ustedes saben, he pensado en “tirar la toalla”, toda mi energía, buena vibra y actitud está al 100%, pero esos momentos fueron en los que si me pasó por la mente el decir NO PUEDO MÁS.

Para todos es fácil decir “échale ganas”, “todo pasará”, “tú puedes”, “está bien ahí va”... pero estar en los zapatos de quienes sufren una enfermedad es algo que nadie puede saber, solamente quien lo experimenta (ahora entiendo esa obra majestuosa "EN TUS ZAPATOS" de mi amiga Ale de Lara y esa visión como pintora, thanks x tu regalo).

En esta ocasión no disfrutaba mi estancia ahí, ya se había agotado mi paciencia y mi tiempo de espera, por más que ponía de mi parte. Creo que jamás, desde que empezó todo esto, había sentido un ahogo, un encierro, las cuatro paredes me asfixiaban, necesitaba tener un poco abierta la puerta de la habitación para sentir que el mundo seguía en circulación.

Cada segundo, minuto y horas eran eternos. Los días pasaron con mis altibajos y por aquí también pasaron, psicólogos y terapeutas tratando de ayudarme para que me relajara. Gracias a Flor y Leonardo, Siria Fuentes.

Gracias también a las damas voluntarias del Perpetuo Socorro por sus palabras de aliento, al padre Efraín Ochoa por sus palabras, y al padre David Hurtado de la iglesia Cristo Rey por su visita que me llenó de paz.

Gracias a mi maestra de Yoga ANY Corella, por el consejo, que aunque no lo sepas, es de gran ayuda: "Solo espera que agarres aire, la ola pasa y piensa en que vas a salir del otro lado". Marisol González thanks por esa hora de relajación y de mantras, me desconectaste de este mundo.

Y así es como fue transcurriendo todo otra vez, le bajé un cambio a mi vida, tuve que adoptar la palabra paciencia, tuve que aguantar otra vez esto tan difícil que me ha tocado vivir, ya no solo es el tumor sino las repercusiones que este a tenido a nivel pulmonar, pero... Mi FE es muy grande y a pesar de desistir en algunos momentos oscuros, continuamos en el camino.